Cantabria 2013. Día 3: Castro Urdiales, playas de Isla y el nacimiento del río Ebro.


Seguimos la tendencia de levantarnos bastante temprano. Recogimos todos los trastos de la habitación e hicimos el inventario de los muchos cargadores, cablecitos y cachibaches electrónicos. Siempre lo hacemos al final porque tenemos tendencia a pegarnos sustitos porque no los encontramos. El TomTorrón, el cargador de coche, la cámara y las dos baterías y el cargador, el portátil y el cargador, móvil 1 y cargador 1, cargador 2 y móvil 2… ¿móvil 2? ¿Dónde está, dónde está? ¡¿DÓNDE ESTÁ?! Ah, sí, móvil 2. Listo, estaban todos. Ya podíamos irnos

Nuestra primera parada del día era Castro Urdiales. Estábamos entrando al municipio cuando al girar en una curva y previo a una rotonda nos encontramos un Control de la Policía Nacional. Había como 20 policías tipo moles 4×4 con protecciones a lo anti-disturbio, dos furgones cortando cada uno un carril en cada sentido, cuatro policías estaban con las HKs preparadas, otros cuatro con las barreras de pinchos que tiran en el suelo y otro par con los perros. Una montaña del tamaño del Himalaya que se planta en medio de la carretera y nos da el alto A pasar el control.

Nos preguntan en repetidas ocasiones que qué hacemos allí, de dónde venimos, de dónde somos, adónde vamos y por cuánto tiempo. El policía se mosquea porque Gracioso lleva las lunas traseras tintadas (y yo ahí pensé que igual nos harían abrir el maletero y nos revisarían las maletas ). Bajamos las ventanillas y mira dentro mientras nos vuelve a hacer una nueva ronda de preguntas al tiempo que otro compañero se acerca por el otro lado y mira las traseras del coche y las matrículas. Nos pregunta de nuevo que de dónde somos y por cuánto tiempo vamos a quedarnos y tras nuestra respuesta se queda callado ( ) pero nos da los buenos días y nos desea que pasemos unas buenas vacaciones.

Héctor y yo intercambiamos impresiones y, tras la tercera ronda de preguntas, parece que no fuí la única en pensar que nos iban a hacer salir del coche y mirar impasibles mientras le metían mano a Gracioso

Pero volvamos al relato. Como, por desgracia, no teníamos intención de pasar la mañana entera en Castro Urdiales (aún nos quedaban playas por ver) lo que hicimos fué dejar el coche en el aparcamiento subterráneo que hay al lado del Puerto, bajo la Oficina de Turismo, para así poder aprovechar mejor el poco tiempo que teníamos.

Castro Urdiales, del que existen indicios de poblamiento desde los tiempos prehistóricos, ha sido puerto pre-romano, colonia romana en el año 74, en la Baja Edad Media (1163) fué constituída villa lo que le otorgaba privilegios que llevaron a su desarrollo económico y mercantil. En 1262 fué capital de la Hermandad de las Marismas, una federación de las ocho villas más importantes de Cantabria, País Vasco y Vitoria, y que defendían sus derechos comerciales en los puertos de Europa. Cuando en el siglo XV se establecieron los consulados de Burgos y Bilbao, Castro Urdiales comenzó a decaer en su esplendor hasta comenzar de nuevo a florecer a partir del siglo XX gracias al turismo, la minería y la pesca.

Paseamos por el Muelle y el Puerto donde claramente se observa lo muy importante que es el mar y la pesca para la economía local. Desde allí también se divisa a lo lejos el conjunto monumental e histórico que gobierna la villa, el Castillo-Faro de Santa Ana y la Iglesia de Santa María de la Asunción.

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El conjunto histórico de Castro Urdiales fué declarado Bien de Interés Cultural en el año 2000. El Castillo data del siglo XIII y su posición estratégica junto al mar permitía a los castreños refugiarse en él y tener la posibilidad de, en caso de ser sitiados, huír por mar. De hecho esto fué lo que sucedió en 1814 cuando los franceses invadieron Castro Urdiales; los castreños huyeron por mar en buques ingleses. El Faro fué iluminado por primera vez en 1853 y fué en 1919 cuando se introdujo el sistema eléctrico de alumbrado. Para llegar hasta el Castillo-Faro es necesario atravesar el puente medieval que lo une con el puerto.

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Siguiendo el camino llegaremos hasta la Iglesia gótica de Santa María de la Asunción declarada Bien de Interés Cultural en 1931 y siendo el monumento gótico más importante de Cantabria. Su construcción se inició en el siglo XIII bajo la protección de Alfonso VIII pero las obras se prolongaron hasta el siglo XIV y durante el siglo XV se abrieron diversas capillas para los comerciantes castreños enriquecidos por el comercio con Flandes, Francia e Inglaterra. La fachada es de estilo normando, evidenciando la influencia francesa en las construcciones del norte de la península. Su construcción se inició durante el período que aún comprende el estilo románico. El aspecto de la Iglesia es muy robusto, especialmente al frente, dejando clara evidencia de su propósito defensivo. Con el avance de las obras dentro del período gótico, comienzan a observarse las caracterísitcas propias de este estilo arquitectónico en los contrafuertes y arbotantes (los arcos exteriores) que pueden contemplarse sobre todo en la parte posterior.

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La iglesia es una auténtica belleza tanto en su exterior como en su interior. Bellísimo el color rosado de la piedra en el interior, especialmente en la primera columna que se encuentra a la izquierda con ondas de una gama magnífica de rojizos.

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Fijáos bien en esta imagen ¿Observáis que los arcos de las bóvedas parecen estar arrugados? Se debe a que sí, lo están, no es un efecto óptico. Durante la prolongada construcción de la Iglesia la estructura comenzó a ceder hacia la nave central debido al peso. Es por ello que en el siglo XVI los pilares fueron reforzados con arcos tirantes transversales que inevitablemente rompen la línea de gran altura tan característica de las iglesias y catedrales del gótico.

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Al parecer los problemas de estabilidad sobre el terreno de la Iglesia siguen existiendo y además, por desgracia, padece el mal de la piedra lo que se traduce en que, poco a poco, la piedra se desmorona y se convierte en arena .

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Descendemos y volvemos hacia el centro histórico. Allí encontramos el Ayuntamiento de Castro Urdiales construído en el siglo XVI. Acorde con el modo de construcción de los ayuntamientos en España, se puede observar el soportalado inferior que, además, se contempla en toda la calle. No dejéis de pasear por las callejuelas del centro histórico, pequeñitas, estrechas, repletas de balcones y muy coquetas.

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Nos dieron casi las 12:00 así que tuvimos que poner rumbo a nuestro próximo destino de nuestro último día en Cantabria, las playas de Isla. De camino hacia Isla pasamos por la ría de Oriñón donde el río Agüera desemboca con suavidad en el Cantábrico.

Orinhon

Continuamos dirección a Isla donde encontraremos una playa enorme y un laberinto de estrechísimos pasadizos de enormes rocas porosas ancladas a la arena. (Y aquí también hay anécdota )

Acompañados de la característica llovizna-chiriviri, primeramente encontramos embarcaciones amarradas a esas rocas porosas que salpican toda la playa.

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Para poder llegar hasta las rocas inmensas que se ven desde el paseo marítimo tuvimos que cruzar la ría de Cabo Queja y en la que nos mojamos hasta los gemelos…

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Y seguimos avanzando y comenzamos a tropezarnos con las primeras rocas y sus laberínticos pasadizos que, inevitablemente, terminaron por recordarnos a Mordor.

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Y un poquito más cerca del mar… (atención a la forma de esta roca tipo “montaña”)

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Y un poco más, por supuesto, y más pasear para sentir la arena fina entre los dedos de nuestros pies y el agua fresca golpeando la piel. Y más jugar con las olas que mojaban nuestras piernas, en ese clásico de ir a por la ola y cuando se acerca correr en la dirección opuesta, mientras la lluvia nos calaba desde arriba.

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Y ahí estábamos nosotros, inmersos disfrutando del mar y del ambiente húmedo, y de la lluvia y del magnífico paisaje, cuando un hombre que venía caminando por la playa nos preguntó, despistado, si estaba en Noja o en Isla. Tras una breve y simpática conversación sobre lo tan relajante que es pasear al lado del mar y lo bien que sientan las vacaciones, e indicarle que ya estaba en Isla, me dió por mirar hacia nuestras espaldas (y menos mal que lo hice  ). En eso que me fijo en que el agua parece estar un poco más cerca de la gigantesca roca “montaña” que cuando llegamos y por si era solo cosa mía le digo a Héctor “me parece que está subiendo la marea”. Héctor se gira y mira pero, según él, allí no había subido la marea porque apenas llevábamos quince minutos. Le reto a que se fije en la roca “montaña”, cosa que hace, y nos enzarzamos en ese tipo de discusión de “quién de los dos lleva razón” sobre si la marea puede o no puede subir tan rápido mientras seguimos caminando por la playa. Cuando tras un rato de charla le digo “¡Que está subiendo! Date la vuelta y mira” Efectivamente, estaba subiendo ¡A una velocidad alarmante!

Como estábamos lejos decidimos volver en ese mismo instante hacia el paseo marítimo. Cuando llegamos a la ría que habíamos atravesado se había duplicado de tamaño y tuvimos que buscar por dónde cruzar ¡Nos llegaba el agua hasta los muslos!  Pasamos, sí, pero yo me tuve que cambiar de pantalón  .

Subimos las escaleras del paseo marítimo y fuímos hacia el mirador entre comentarios de “hay bastante gente que parece no estar dándose cuenta de que está subiendo la marea”. Fuímos un poco malos y nos quedamos allí, observando cómo algunas parejas y grupos de amigos regresaban de su paseo por la playa y se las tenían que ingeniar para atravesar la ría. Algunos, directamente, ni tantearon por dónde podían atravesar ¡se lanzaron a nado! Otros, sin embargo, se vieron incapaces de cruzarla y tuvieron que dar la vuelta y buscar otro lugar por el que salir de la playa.

¿Os imagináis cuál es la roca “montaña”? Pues se trata de la isla de roca que se encuentra más a la izquierda de la fotografía, completamente rodeada de agua, hora y media más tarde de que me diera por fijarme en que el mar parecía comerle terreno a la playa. Y esa hilera de rocas que aparecen bajo el agua cerca del muro de piedra en primer plano, bien, justo ahí se encontraba la ría. 

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Tras esta experiencia de casi vernos atrapados por el mar, decidimos comer en uno de los restaurantes del paseo marítimo, La Piscina Parrilla (Avda Juan Hormaechea Nº4). Nos pusimos las botas por 7€ cada uno así que lo recomendamos. Y estábamos tan cómodos y disfrutando tanto de Cantabria que a punto estuvimos de improvisar y quedarnos un día más allí. Pero las obligaciones nos reclamaban ( )así que tras otras buenas miradas al mar y sabiendo que volveríamos, emprendimos regreso hacia Madrid.

Pero aún había un lugar más por visitar y que quedaba de camino. Fontibre, el lugar de nacimiento del río Ebro, el río más caudalosos de España y el segundo de la Península Ibérica. Ésta es otra de esas cosas que me emocionan por lo magnífica que es la naturaleza; el nacimiento y la desembocadura de los ríos. Es un valor simbólico que relaciono inevitablemente con el nacimiento, el transcurso de la vida y la muerte. Y, lo que resultó más fascinante, cómo de un suavísimo brote de agua de entre unas rocas, cómo de un riachuelo de agua calma fresca y cristalina, puede dar paso al río más caudaloso de España.

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De entre esas rocas que forman esa pequeña cueva, bajo el pequeño altar con flores, de ahí brota el agua y ahí nace el Ebro.

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Y no me pude resistir, tenía que probar ése agua. Y sí, era tan cristalina, tan fresca y tan suave como parecía. Y estaba deliciosa

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Nos quedamos con las ganas de más, sabiendo que había mucho que nos habíamos perdido (¡Ay, todas esas cuevas cántabras!). Pero no nos angustiamos porque tenemos la sensación de que aprovechamos muy bien el tiempo del que disponíamos y porque sabemos que volveremos a la tierruca más pronto que tarde .

¡Hasta pronto Cantabria!  


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♦ CANTABRIA 2013


Sobre Eva

Viajera insaciable, lectora incansable, eterna aprendiz de idiomas y meticulosa observadora de culturas, lingüista, traductora y curiosa como yo sola. Mi lema: Viajar para vivir y sentirse vivo.
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