Arribes del Duero ’14. Día 2: Crucero y miradores. San Felices de los Gallegos.


En este segundo día era cuando estaba programada la visita central de esta escapada: las Arribes del Duero y el crucero fluvial de algo más de 1 hora y 30 minutos de duración en el barco Corazón de las Arribes. Reconocemos que nos dió rabia que estuviese tan nuboso, porque resulta de lo más molesto a la vista (no sabes si ponerte las gafas normales o las de sol) y además las fotos se lucen menos Aunque, al menos, el tiempo nos dió un poco de tregua cuando subimos a los miradores

P.N. de las Arribes del Duero, crucero fluvial y miradores

El Parque Natural de Arribes del Duero se sitúa entre las provincias de Salamanca y Zamora formando el río una frontera natural con Portugal, con quienes compartimos la protección de este paraje. Es un lugar distinto y muy llamativo con su particular microclima mediterráneo que hace que convivan cigüeñas negras, buitres leonados, alimoches, milanos reales y águilas reales en las orillas de los montes y las enormes rocas que custodian el Duero a ambos lados de su ribera. Estas gigantescas rocas de granito son conocidas como las arribes (originalmente es femenino pero oiréis con frecuencia los arribes) y, aunque no es lo mismo, parece que comienzan a promocionarse como los fiordos españoles.

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La formación de las arribes se remonta al Paleozoico (hace 600-225 millones de años) cuando se fusionaron todas las masas continentales que dieron paso a Pangea. Estos choques de las placas formaron una enorme cadena montañosa conocida como el Macizo Hespérico, compuesto de granito, pizarra y cuarcita sobre la que se asienta la actual meseta central. Es decir, que las gigantescas moles de granito que vamos a contemplar tienen la friolera de 600 millones de años. Durante el Cenozoico (entre 68 y 1,7 millones de años) y hacia alrededor de unos 35 millones de años se produjo el gran plegamiento Alpino, formando las grandes cordilleras del Sur de Europa y Asia. Debido a estas colisiones, hace unos 5 millones de años la Península Ibérica volcó hacia el Atlántico, levantándose por el este, y esto provocó no sólo el vaciado del enorme mar que había en la meseta sino la formación de los ríos y que la mayoría de ellos se orientaran hacia el oeste, como es el caso del Duero.

Para hacer nuestro crucero tenemos que llegar hasta la villa de Aldeadávila de la Ribera, en la provincia de Salamanca, y con el coche seguir las indicaciones hacia la Playa del Rostro, donde se encuentra el aparcamiento del embarcadero. Es una carretera larga, estrecha y muy muy sinuosa, especialmente cuando se toma el desvío que baja hasta la orilla del Duero. Algo que llamó nuestra atención mientras seguíamos el camino previo a tomar el desvío es que al observar el frondoso paisaje no se aprecia el curso del río. Así, al mirar a los montes, parece que todo lo que te rodea son onduladas montañas y lo que menos puedes imaginar es que entre ellas fluya el agua. Otra de las cosas que se notan al ir bajando es el contraste de temperatura, la temperatura desciende 5ºC.

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El crucero en el Corazón de Arribes dura algo más de 1 hora y 30 minutos. El precio por persona es de 16€ y para los niños de 3 a 9 años 8€. Se recorren un total de 22 kilómetros (ida y vuelta) entre aguas españolas y portuguesas hasta llegar a la impresionante presa de Aldeadávila con 140 metros de altura, y considerada como la obra de ingeniería hidroeléctrica más importante de España. Durante el crucero nos van explicando las peculiaridades que se producen debido al microclima de las Arribes, la vegetación, los diferentes tipos de aves rapaces que se pueden contemplar (especialmente buitres leonados ¡se ven muchísimos!) y curiosidades referidas especialmente a los cabreros que vivían en la zona Todo ello mientras nos deleitamos con el bello paisaje.

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A medida que nos vamos acercando hacia la presa comienza a percibirse un ligero cambio en las laderas, hay menos vegetación y el paisaje se vuelve un poco más rocoso… hasta llegar a las enormes moles de piedra. ¿Véis el tocón de granito que apunta hacia el cielo? Pues tiene nada más y nada menos que 400 metros de altura y se hunde bajo el río otros 150 metros. Porque sí, al llegar a esta zona se navega sobre una vertical de 139 metros de profundidad, un metro menos que la altura de la presa

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E impresiona muchísimo cuando el barco se acerca al tocón y se coloca justo debajo. Estamos ante un rascacielos natural que equivale a un edificio de 150 plantas. Es casi igual de alto que el Empire State o, para una referencia nacional, como el doble de cualquiera de las 4 torres de Madrid Este tocón se conoce como El Picón de Felipe; cuentan que Felipe estaba enamorado de una portuguesa y que cuando el río crecía y le impedía cruzar al otro lado venía a picar la piedra del tocón para intentar construír un puente natural que le permitiera pasar a Portugal ¡Para que luego digan de los de Lepe!

Tras la comida pusimos rumbo a los miradores de las Arribes. Subimos hasta el Picón de Felipe para contemplar esas ansiadas vistas de los fiordos españoles Para llegar hasta el mirador hay que dejar el coche en una pequeña explanada y recorrer un camino de unos 300 metros con rincones encantadores.

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A ver quién me dice a mi que este camino de piedras no parece el de un bosque encantado

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El recorrido es sencillo hasta que comenzamos a llegar al picón. Allí hay que subir escalones de piedra enormes y lidiar con los caminos estrechos y resbaladizos por la gravilla. Pero la dificultad del tramo merece muchísimo la pena

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Eso sí, hay que tener cuidado con las rachas de viento porque pueden provocar más de una pérdida de equilibrio y, aunque el mirador está vallado, algunas partes de los hierros están un poco corroidos y no dan, precisamente, mucha sensación de seguridad. Mientras estuvimos allí deambulando tuvimos que agacharnos varias veces entre las rocas por las fuertes corrientes de aire ¡Pensamos que saldríamos volando!

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Tras deleitarnos con las magníficas vistas de las Arribes y el Duero, pusimos rumbo a San Felices de los Gallegos, en Salamanca, el pueblo que nos habían recomendado en la oficina de turismo de Aldeadávila.

De camino a San Felices de los Gallegos

Pero de camino hacia San Felices nos encontramos unas cuantas vacas pastando ¿Y qué le toca hacer a Héctor cuando Eva ve vacas? ¡Parar a Gracioso y dejarme hacer fotos!

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Pero es que más adelante ¿Qué vimos? ¡Ovejas! ¿Y qué hay que hacer? ¡Parar! Además, las ovejas fueron super simpáticas. Estaban ellas ahí tan tranquilas, pastando apaciblemente, y mientras me voy acercando aguantando la risa (tengo un problema con las ovejas y las cabras, me entra la risa floja al verles las caras…) me acerco y me da por hacer un “BeEeEe” de lo más basto y grotesco que os podéis imaginar. Vamos, que no me molesté mucho en imitar a una oveja. Así que, lo que menos me esperaba es que todas levantaran la cabeza y contestaran Como no me lo podía creer volví a hacerlo, y ellas volvieron a contestarme Me giro a mirar a Héctor y a mis suegros y les veo a todos riéndose.

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San Felices de los Gallegos

San Felices de los Gallegos es una pequeña villa fronteriza que de hecho, en el pasado, fué portuguesa.

Paseamos por sus calles atravesando la Plaza de los Caños y llegando hasta la Plaza de España, donde encontramos el coqueto Ayuntamiento y la Iglesia de Nuestra Señora entre Dos Álamos. Esta Iglesia es de orígen románico, del siglo XIII, de la que sólo se conserva una de las portadas. El resto ha ido sufriendo modificaciones con el paso del tiempo, especialmente el cuerpo principal en el siglo XIV, y los interiores en el XVI. La Iglesia se quemó en 1887 destruyendo el artesonado de madera original. Para nuestra mala suerte no pudimos entrar a verla, estaba cerrada porque el pueblo estaba con los preparativos para sus fiestas.

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Pasamos por debajo de La Torre de las Campanas, del siglo XIII, en la que se aprecia la transición al gótico. Constituía la puerta que daba acceso al Patio de Armas del Castillo.

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La Muralla y el Castillo fueron contruídos en el siglo XIII por el Rey Dionis, el sexto Rey de Portugal. El Castillo perteneció a la Casa de Alba hasta la Guerra de la Independencia, cuando pasa a manos de la milicia.

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En 1920 tres vecinos de San Felices deciden comprar el castillo en ruinas para poder utilizar la piedra en la construcción de las casa de la villa. Comenzaron con derribos en la muralla y parte de la Plaza de Armas pero encontraron problemas para derruir los muros de 4 metros de grosor de la torre. Es en 1924 cuando el vecino Ángel de Dios junto con su hermano deciden comprar el Castillo. En 1954 unos norteamericanos les tentaron con 14 millones de pesetas para adquirirlo, desmontarlo y llevarlo a Estados Unidos. Sin embargo, los hermanos se opusieron y hoy por hoy el castillo ha sido cedido al Ayuntamiento de San Felices por uno de los dos hijos de Ángel de Dios, actual propietario. El Castillo de San Felices de los Gallegos pertenece a la Ruta de las Fortificaciones de la frontera hispano-portuguesa.

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Se puede subir a la Torre del Homenaje por un precio de 2€ siendo la recaudación destinada a la conservación del castillo. De tres alturas, en cada planta encontraremos parte de la exposición del Aula de Interpretación de San Felices además de una maqueta completa de lo que en su día fué la fortificación. Desde lo alto de la Torre tendremos una preciosa vista de San Felices así como de los pueblos fronterizos de Portugal. Además desde allí se puede contemplar lo que queda de la muralla, tanto la del siglo XV con forma redonda y, sobre todo de la más particular y atrayente, la del siglo XVII con forma de estrella.

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Y si es la época, se pueden ver a las cigüeñas y sus polluelos

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Cuando adquirimos la entrada para el Castillo también compramos la entrada para el Museo del Aceite (2€). El Museo se situa en un antiguo lagar, donde se pisaba la uva, y el edificio data del siglo XVIII.

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En el museo hacemos un recorrido por la historia de la fabricación del aceite al modo tradicional; las tinajas, los pesos, los molinos, las prensas…

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Resulta curioso para quién no lo haya visto A mí no me sorprendió mucho porque mi abuelo ha hecho toda la vida aceite y vino ¡Y yo era su ayudante! Pero a mi suegro, por ejemplo, le gustó mucho

Una vez terminada la visita al Museo del Aceite dimos por finalizado el día

Pusimos rumbo a Fermoselle pero ¿qué vimos desde la carretera? ¡Caballos! ¿Y qué toca hacer cuando Eva ve caballos? ¡Parar! Y menos mal que llevaba el teleobjetivo porque resultó que estaban sin domar y, al llamarles, se asustaron y salieron en estampida en dirección opuesta

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Y sí, fué el día de las paradas. Sé que mis acompañantes rogaban porque no nos encontrásemos ningún “bicho” más  Por fortuna para ellos, se acabó mi suerte

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♦ ARRIBES DEL DUERO 2014


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Sobre Eva

Viajera insaciable, lectora incansable, eterna aprendiz de idiomas y meticulosa observadora de culturas, lingüista, traductora y curiosa como yo sola. Mi lema: Viajar para vivir y sentirse vivo.
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