T. DINÓPOLIS ’14. Día 1: Albarracín y Pinares de Rodeno


La ruta de nuestra escapada a Territorio Dinópolis fué pensada para hacer el recorrido ida y vuelta en forma de círculo, de modo que no tuviésemos que recorrer grandes distancias hacia delante y hacia atrás. Por eso, nuestra primera parada no era Teruel sino Albarracín  (Puedes ver el  mapa de ruta AQUÍ)

Salimos sobre a las 11:00 de Madrid y nos esperaban 3 horas y 20 minutos de coche hasta llegar a nuestro destino. La forma más rápida para llegar desde Madrid es coger la A2 y tomar el desvío de la N-21, CM-2112, A-1511 y A-1512 hasta Albarracín.

Una vez que te adentras en Aragón, en la A-1511 y a medida que nos vamos aproximando a Albarracín, se comienza a desvelar un paisaje espectacular: grandes montañas escarpadas, cortadas como acantilados y de brillantes colores amarillos como el oro y el bronce bruñido.

Paisajes hacia Albarracín

Paisajes hacia Albarracín

Paisajes hacia Albarracín

Ermita y Castillo de Santa Croce

La carretera se desliza sinuosa entre estos cortados y suaves montes y, mientras divagas entre las curvas, en ocasiones crees apreciar algunos restos de muros, torreones y fortalezas. Sin embargo la vista te engaña y lo que crees que es una silueta recortada en los bordes de la piedra no lo es; es simplemente roca con formas caprichosas. Pero eso sucede hasta que una de esas siluetas se desdibuja claramente como un relieve en el cielo y, por si te quedan dudas, los carteles en la carretera te lo confirman: se tratan de las ruinas de la antigua Ermita de Santa Croce y los restos del Castillo de Santa Croce del siglo XII. Esta fortaleza hacía funciones de protección de las aguas del Guadalaviar y formaba parte de la defensa de Albarracín como avanzadilla. Si os fijáis, aún se conserva en pie el dintel de la puerta de entrada al castillo.

Castillo de Santa Croce

Albarracín

Continuando camino creemos contemplar los torreones y los muros de un castillo y muralla defensiva que parecen derramarse en una hilera de rocas por la montaña pero que tan prono como aparece desaparece de la vista. Luego nos parece apreciar techumbres de color azul y verdoso pero la carretera se curva y también vuelven a ocultarse tras la montaña. Y, después, los montes parecen abrirse en vértice, en un ángulo como de cuña imposible y en ese hueco se observa un conjunto de casas de color rojizo… por unos segundos tan solo, porque la tierra de la montaña, a un giro de la carretera, vuelve a camuflarlas. Todo desaparece en la siguiente curva, como si hubiese sido un espejismo y allí no hubiese más que monte rocoso color latón hasta que, de repente, Albarracín se presenta colgado entre montañas, suspendido en equilibrio sobre el río Guadalaviar.

Todo el casco histórico de la ciudad está declarado Monumento Nacional desde 1961 y figura en la lista de candidatos de la UNESCO para formar parte de la lista Patrimonio de la Humanidad (¡nosotros apoyamos su candidatura!).

El orígen del nombre de la ciudad es incierto. Algunos dicen que proviene de alguna lengua celta: Alb + Ragin = la montaña de las vides. Otros que proviene del bereber por el nombre de la familia Banu-Razím que gobernó la ciudad como un pequeño reino de taifa (Al-Banu-Razím = el lugar de los hijos de Razim). Pero en 1170 la ciudad fué cedida a la familia cristiana de los Azagra de orígen navarro, quienes mantuvieron la independencia de la ciudad de los Reinos de Castilla y de Aragón. En 1220 Jaime I de Aragón trata de conquistarla pero fracasa. Sin embargo Pedro III de Aragón sitia la ciudad 1285 y la anexa al Reino de Aragón en 1300. Albarracín pasa entonces a ser frontera con el Reino de Castilla lo que posteriormente tendrá una gran importancia respecto a la conservación de las hermosas murallas de la ciudad

Dejamos a Gracioso en un pequeño aparcamiento que hay en la Calle San Antonio justo antes de la intersección que nos lleva, hacia la izquierda, a la parte nueva de la ciudad y al Camping Municipal y, hacia la derecha, al casco viejo. Tomamos el camino de la derecha, deteniéndonos un momento en la Oficina de Turismo, y comenzamos nuestra andadura hacia el casco antiguo. Pero paseando encuentro… ¡Una preciosísima callejuela!

Albarracín

Me emociono terriblemente porque una enamorada como yo de las callejuelas y los callejones acaba de encontrar un trocito de paraíso en Albarracín. Pero el pobre Héctor se tiene que armar de paciencia y no puede evitar poner los ojos en blanco, resoplando hastiado sin apenas haber empezado nuestro recorrido por la ciudad. Yo le miré, todo ojitos brillantes e ilusionados y, al verle la cara, me eché a reír. Meneó la cabeza con una sonrisilla, en un silencioso <<eres imposible>> y seguimos nuestro camino Es a partir de atravesar este callejón cuando la sensación de haber recorrido una senda del tiempo que nos ha transportado a la Edad Media nos invade y esta emoción permanece hasta que terminamos nuestra visita a la ciudad

Subimos por la Calle Bernardo Zapater donde podemos apreciar claramente la posición de ciudad colgada entre montañas ya que toda la pared de la derecha es de roca escarpada color mostaza:

Albarracín

Seguimos subiendo la calle empedrada y llega un momento en que la pared de roca de la derecha desaparece dando lugar a casitas de piedra. Se forma un embudo cuando todo se estrecha de tal forma que parece que las paredes pueden venirse encima de ti. Fijáos en lo muy juntos que se encuentran los techos de cornisa de madera de los edificios:

Albarracín  Albarracín

Nos llama muchísimo la atención la casa del fondo con su fachada pintada en un color indefinido entre el azul celeste y el violeta claro; desentona tantísimo con el resto de las casas que hemos visto hasta ese momento que nos deja claro que debe tratarse de un edificio importante. Y, exactamente, lo es, se trata de la casa señorial del siglo XVIII de los Navarros de Arzuriaga, la familia que desciende de la familia cristiana que mantuvo a Albarracín como independiente de las Coronas de Castilla y de Aragón hasta 1285. No te das cuenta de lo grandiosa que es hasta que giras la esquina y contemplas con estupefacción que es ésta casa la que da final a la calle.

Albarracín, Casa Arzuriaga

Esa sensación de estar recorriendo un embudo, que además se enfatiza por el hecho de estar subiendo una cuesta, finaliza cuando la calle se divide en dos; de un lado casitas de piedra del color de oro, del otro una terraza que nos permite contemplar cómo la ciudad cuelga de la montaña:

Albarracín

Albarracín

Seguimos por la bifurcación de la derecha, que de nuevo se retuerce estrechándose a medida que avanzamos con dirección a los restos de la muralla que se vierten por la montaña, y saboreamos los deliciosos rincones de tintes rosados que nos ofrece la ciudad.

Albarracín

Albarracín   Albarracín

Tomamos el camino a las murallas que, a pleno sol a las 17:00 de la tarde en julio no es precisamente muy recomendable (sobre todo si se sube sin apenas agua, como nos pasó a nosotros :-P). También es cierto que si el cielo está despejado los colores que se aprecian son excepcionales:

Muralla de Albarracín

Muralla de Albarracín

Muralla de Albarracín

Es desde aquí arriba desde donde podremos tener una preciosa panorámica de la ciudad de Albarracín y su posición de ciudad colgada sobre el río y camuflada entre montañas.

Albarracín desde las murallas

Albarracín desde las murallas

Albarracín poseía dos lineas de murallas defensivas; la primera construida en los alrededores del castillo de origen árabe (más adelante haremos referencia a ella nuevamente ) a la que además pertenece la Torre de Doña Blanca (que también os mostraremos). La segunda, la que hoy podemos observar, fué elevada tras el crecimiento de la ciudad en el siglo X y, posteriormente, ampliada a partir del siglo XIV una vez la ciudad fué anexionada al Reino de Aragón con su nueva posición como frontera con el Reino de Castilla. Llegados a este punto se vislumbran nuevos caminos para merodear por ellas e, incluso, subir a alguna de las torres, pasear por los muros o cruzar al otro lado y dar la vuelta. Eso sí, muchísimo cuidado porque la piedra de los escalones (algunos de ellos muy altos) es muy resbaladiza a causa de la erosión:

Muralla de Albarracín

Muralla de Albarracín

Muralla de Albarracín   Muralla de Albarracín

Cruzando al otro lado de la muralla puede verse con claridad el antiguo trazado previo a la ampliación, desdibujado en los muros.

Muralla de Albarracín

Muralla de Albarracin

Nos despedimos de las murallas y de las preciosas vistas que nos ofrece de la ciudad y bajamos con dirección hacia la Plaza Mayor, nuevamente deleitándonos (¡sobre todo yo! :-P) con los rincones tan magníficos que nos ofrecen los recovecos de sus callejuelas, envueltas en ese aura de color rosado como el vino y dorado como el maíz:

Albarracín

Descendemos la escalinata y aparecemos en la Plaza Mayor, una plaza irregular desde donde parten las principales calles del casco antiguo. Fué aquí donde reafirmé mi convicción de que estábamos en uno de los pueblos más bonitos de España.

Plaza Mayor de Albarracín

Plaza Mayor de Albarracín

El edificio del Ayuntamiento, del siglo XIV, es el único soportalado de la Plaza Mayor y además posee un corredor lateral techado que pende sobre el Guadalaviar y desde el que se tienen unas muy bonitas vistas del otro lado de la ciudad.

Ayuntamiento de Albarracín

Pasaje corrido del Ayuntamiento

Pasaje corrido del Ayuntamiento

Albarracín

Y entonces, las arterias del casco antiguo me dejaron fascinada (me hubiera quedado ahí todo el día). Su asfixiante y sinuosa estrechez, su contrastada oscuridad por la altura de sus edificios, que chocan sus tejados de cornisas de maderas talladas y que abren rendijas en el cielo por las que se filtra una luz brumosa que hace brillar todo con una neblina rojiza, o que, por el contrario, consigue oscurecer aún más la calle. Pero allí donde la luz del sol consigue filtrarse también debe ser apoyada por la tenue luz cobre de los negocios en los bajos para iluminar el empedrado del suelo. Los balcones de hierro forjado son tan cercanos que sus dueños sólo deben alargar la mano para tocarse. Lo encontré tan encantador, tan familiar a pesar de la oscuridad… cómo me gustaría poder pasear por estas calles en medio de la noche y contemplar como esa neblina rojiza se transforma en una cortina dorada que se vierte sobre las paredes

Albarracín     Albarracín

Albarracín    Albarracín

Albarracín

Albarracín

Callejeamos con dirección a la Catedral de Albarracín y al Castillo Árabe y seguimos encontrando rincones hermosamente coquetos, descubriendo que parte de la muralla más moderna sigue su entramado por entre las calles de la ciudad y de lo que antiguamente fué la fortificación árabe:

Albarracín     Albarracin

Albarracin

Albarracín, muralla entre las calles

Enfilamos la Calle de la Catedral hasta llegar a sus puertas. La Catedral del Salvador de Albarracín tiene una pose muy robusta, de tipo fortificación. Se erigió dentro de lo que en su tiempo fué la medina árabe, sobre un antiguo templo de estilo románico consagrado en el siglo XIII que previamente había sido levantado sobre la mezquita. La construcción de la Catedral se inició en 1530 y, debido al relieve de Albarracín tiene una estructura interior peculiar, su nave central y las capillas repartidas en los espacios que así lo permiten. Lo último que se construyó fué el campanario en el año 1595. No os puedo hablar del interior porque no pudimos visitarla (Qué mala pata solemos tener para poder visitar los templos). A su vera se encuentra el antiguo Palacio Episcopal en el que hoy se encuentra el Museo Diocesano (el que también se encontraba cerrado); la capilla del Palacio, al parecer, es de una belleza excepcional

Catedral de Albarracín

Palacio Episcopal, Albarracín

Frente a la Catedral encontramos una terraza, un mirador que nos ofrece unas preciosas vistas panorámicas del lado de la ciudad que acabamos de recorrer y, especialmente, del relieve que forman las murallas sobre la montaña.

Albarracín

Seguimos nuestra ruta subiendo la Calle Santa María hasta llegar a la Iglesia de Santa María, con una fachada que recuerda levemente al estilo mudéjar propio de la fusión de culturas

Iglesia Santa María, Albarracín

Subimos el recoveco de escaleras que hay a la derecha y nos encontramos de frente a la Torre de Doña Blanca, la torre vigía de la muralla de origen árabe. La torre recibe ese nombre por una princesa aragonesa de enorme bondad y belleza que huyó de Aragón por temor a los celos de la Reina, su cuñada. Escapando hacia el Reino de Castilla finalmente terminó en Albarracín, siendo acogida con aparente hospitalidad por la familia Azagra. Sin embargo, nunca más se la volvió a ver y por la ciudad comenzó a murmurarse que la princesa fué encerrada en una de las torres (la que hoy lleva su nombre) y que en su confinamiento murió de pena. La leyenda cuenta que en las noches de luna llena la princesa Blanca baja a bañarse a las aguas del Guadalaviar

Torre de Doña Blanca

Torre de Doña Blanca

Si se rodea la Torre de Doña Blanca podemos contemplar la linea sinuosa del río Guadalaviar y en el horizonte la linea de la muralla y la silueta del Castillo de Albarracín, construido en el siglo XI sobre un peñasco en lo que en su momento fué el centro de la medina árabe y al que llegaremos desandando nuestros pasos por la calle paralela a la Calle Santa María. El Castillo está siendo restaurado por lo que no puede visitarse. Además, de camino a él, puede contemplarse la pequeña Ermita de San Juan, levantada en el siglo XVIII en un coqueto rinconcito.

Muralla de Albarracín

Castillo de Albarracín

Castillo de Albarracín

Ermita de San Juan, Albarracín

Pinares de Rodeno

Tras nuestro recorrido por la ciudad decidimos seguir la recomendación del propietario de la cafetería del Camping Ciudad de Albarracín y nos acercarnos a observar el paisaje protegido de los Pinares de Rodeno, llegando hasta el Mirador de La Escombrera desde donde podemos contemplar el barranco del Cabrerizo formado hace más de 290 millones de años; su roca arcillosa, salpicada de pinos de un brillante verdor, y que además atestigua el curso de un antiguo río, es de un color rojo muy intenso debido a la acumulación de hierro que atesora. Desde allí parten diversas rutas de senderismo y, para los más aventureros ¡atentos! Porque la escalada y el barranquismo son prácticas habituales y muy recomendadas en esta zona

Pinar de Rodeno, Albarracín

Pinar de Rodeno, Albarracín

Y, con la observación de este paisaje finaliza nuestro día en la ciudad de Albarracín. Cuando regresemos para la visita a la sede de Dinópolis Mar Nummus aprovecharemos para explorar un poco mejor los Pinares de Rodeno así como realizar la ruta de las Pinturas de Arte Rupestre Levantino datadas entre 6.000-2.000 años a.C, declaradas Patrimonio de la Humanidad y que no nos dió tiempo a ver ¡Otra excusa para volver!


♦ TERRITORIO DINÓPOLIS ’14

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Sobre Eva

Viajera insaciable, lectora incansable, eterna aprendiz de idiomas y meticulosa observadora de culturas, lingüista, traductora y curiosa como yo sola. Mi lema: Viajar para vivir y sentirse vivo.
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3 Comments

  1. Interesante artículo y preciosas fotos. Nosotros este año decidimos por fin que ya era hora visitar Albarracín, nos encantó este pequeño pueblo. Además realizamos una de las visitas guiadas que incluye la entrada a la catedral, que ahora se encuentra en obras. Próximamente esperamos publicarlo en el blog. Un saludo

    • ¿Verdad que es una preciosidad? A mi me maravilló Nosotros no hicimos la visita guiada porque ya llevábamos información de la ciudad y, además, nos gusta detenernos y merodear a nuestro ritmo De todas formas nos encontramos al grupo en el mirador frente a la Catedral y allí pusimos un poco la oreja: la chica lo hacía francamente bien
      Así que, a quienes les interese la visita guiada por la ciudad ¡atentos a !

      Gracias por pasar y comentar
      ¡Abrazote!

  2. Me encanta Albarracín y qué paseo más bonito nos has dado por todas sus callejuelas!!! Me ha gustado mucho la descripción que has hecho de las calles, de los edificios, de los colores,de la luz… Casi que entre esto y las fotos me he visto paseando con vosotros jejejje

    Hoy tengo una sorpresita que darte y es que te he nominado a los Premios Dardos, puedes pasarte por el blog para verlo

    Un besazo,wapa!

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