No importa lo lejos que vayas…


Siempre que empezamos un año nuevo parece que no podemos evitar reflexionar y plantearnos nuevos propósitos. Es como si comenzásemos todo de cero, como si resurgiésemos, y es por ello que iniciamos ese proceso de realizar cambios y de replantearnos muchas cosas. La verdad es que yo soy una persona que reflexiona muy a menudo pero es cierto que ese rasgo de mi personalidad se acentúa cuando llegan estas fechas. Por eso, y aunque originalmente escribí esta reflexión allá por noviembre, parece que éste puede ser un buen momento para publicarla

Cuando tienes el gusanillo de viajar recorriéndote las venas a veces puedes tener la sensación de que el mundo se te queda pequeño y, aunque parezca contradictorio, justo en ese instante en el que lo estás pensando también sientes que no vas a tener tiempo suficiente para poder conocer todo lo que aún te queda por ver. Así que, quienes tenemos este gusanillo padecemos de una crónica ansiedad que se traduce en un impulso necesitado e imperioso por salir, por recorrer y conocer nuevos lugares; es como si a tus pulmones les faltase el aire y tu oxígeno fuese el mundo. Así que sí, exacto, el gusanillo se te revuelve y te apremia con urgencia a que “te vayas”. Y como es bastante rebelde e inquieto y se alimenta de tu ansiedad a bocados gigantes, provocando que tú tengas un hambre voraz, te exige que te marches lo más lejos posible, al lugar más exótico y recóndito del planeta, a ese destino soñado. Porque tienes hambre. Porque el gusanillo tiene mucha más hambre.

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Pero claro, lo que no sabe ese gusanillo (o no le importa saber en absoluto) es que a veces no disponemos ni del tiempo ni de los recursos necesarios para poder marcharnos lejos, a ese lugar recóndito al que ansía devorar con su hambre viajera. Sin embargo, el secreto radica en que lo que no sabe ese gusanillo es que no tenemos por qué irnos a la otra punta del mundo para conocer lugares exóticos, distintos, mágicos, increíbles; para disfrutar de la experiencia del viaje, para alimentar nuestra hambre voraz provocada por su culpa. Pero ahí es donde entramos nosotros, nuestra parte consciente y sobre todo nuestra fuerza de voluntad, porque los que tenemos este gusanillo no tenemos más remedio que intentar ponerle un poco a raya si no queremos ser devorados por él. Tenemos que ponerle a régimen.

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Porque ¿a quién no le gustaría vivir la vida viajando y recorriendo los rincones del mundo? Simplemente viajar, conocer, disfrutar y aprender ¿A quién no le gustaría? Pero seamos realistas, no todos los que padecen (y padecemos) este virus, este gusanillo viajero, pueden permitírselo. Sencillamente, a veces no es posible, incluso aunque hagas todos esos sacrificios que muchas personas no pueden entender como no salir todos los fines de semana a tomar unas copas, no salir de cenas, ir siempre con el tupper a todas partes, o privarte de ciertos lujos que para otros no son más que simples caprichos tontos. Los viajeros de bajo presupuesto hacen y hacemos muchos, muchos sacrificios. Sacrificios constantes. Y estoy segura de que más de una vez a alguno os han llamado “agarraos”, “ratas”, “peseteros” y más lindezas del estilo, aunque esas mismas personas se olvidan y cuando regresas del viaje te dicen el típico «jolín, cómo vives» (pero este es otro tema) 

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Es por eso, porque no siempre podemos permitírnoslo, que a veces, muchísimas más de las que nos gustaría, tenemos que poner a régimen al gusanillo, cosa que evidentemente a él tampoco le gusta nada y que nos deja hechos polvo porque se revuelve de muy mala manera. Pero sí, tenemos que ponernos serios y decir «No, mira, ahora no. Hasta aquí». Y en la situación en la que estamos, y por muy barato que sea, viajar es un lujo para muchas personas que tal vez antes lo encontraban un simple capricho tonto. Así que imaginad para todas aquellas que no lo era.

Por eso quiero lanzar este mensaje, especialmente para todos esos gusanillos que os recorren el cuerpo intentando devoraros de ansiedad y que tienen que estar a régimen. Y es que no importa lo lejos que vayas sino cómo mires el lugar al que vas. Y ése lugar puede ser el parque que hay en frente de casa; simplemente vas te sientas en un banco y miras, pero con otros ojos: te fijas en los detalles, en los colores de las hojas de un árbol, en su forma, en lo diferente que es la luz ése día o como incide volcando sombras y filtrando rayos de sol a través de las ramas, o te das cuenta de que hay flores nuevas u observas a las personas que pasean. O ése lugar puede ser ése pueblo que está a 20km de donde vives, del que siempre has oído hablar pero al que nunca has ido porque “está aquí al lado”.

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Lo que quiero decir es que SÍ, los que tenemos este gusanillo tenemos que alimentarlo siempre que podamos (no lo vamos a dejar morir de hambre, evidentemente) pero la clave es ésa, hacerlo cuando podamos. Y cuando no podamos le ponemos a régimen y en vez de darle un banquete del lujo más exclusivo marchándonos a las Islas Vírgenes o recorriendo tres meses Escandinavia, nos damos un pequeño festín con unas bocadillos y una botella de agua en la mochila y yendo al monte que hay cerca de casa o a ése pueblo que está aquí al lado. Y lo disfrutamos. Y no pasa nada. No pasa absolutamente nada. No somos menos viajeros por eso. No somos menos viajeros por recorrer una distancia más corta porque ser viajero es mucho más que eso.

Es más, yo creo que estos pequeños festines son muy interesantes y hay que saborearlos con muchísimo gusto porque nos ayudan a conocernos mejor. Parece una idea equivocada pensar que la única forma de conocerte sea yéndote fuera. No creo que estemos obligados a salir fuera para conocernos mejor. Al contrario, creo que si sólo miras hacia fuera vas a ser ignorante de muchos aspectos que probablemente tendrías que conocer y, sobre todo, valorar antes de marchar. Es cierto que viajar lejos te ayuda a esforzarte todavía más por comprender el mundo, apreciando su compleja y rica diversidad, conociendo sus sorprendentes diferencias, deleitándote con sus maravillosas similitudes y, en definitiva, encontrando piezas que amplíen el rompecabezas que es tu persona. Viajar fuera te ayuda a expandir y a ampliar el conocimiento que tienes sobre ti mismo, pero jamás debe ser el motor que te motive a conocerte.

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Así que, compañeros, decidle a vuestros pequeños gusanillos viajeros avariciosos que no importa lo lejos que vayáis sino cómo observéis el lugar al que marcháis y, sobre todo, como comprendáis y disfrutéis el lugar en el que ya estáis 


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Sobre Eva

Viajera insaciable, lectora incansable, eterna aprendiz de idiomas y meticulosa observadora de culturas, lingüista, traductora y curiosa como yo sola. Mi lema: Viajar para vivir y sentirse vivo.
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13 Comments

  1. Totalmente de acuerdo!!! El gusanillo está siempre, pero como saciarlo depende de ti. El mundo es igual de fascinante aquí que allí, como dices solo depende de tus ojos y de la actitud de uno
    Este 2014 hemos aprovechado hacer un montón de escapadas nacionales que otras veces no hacíamos, y hemos vuelto igual de encantados o más que volviendo de otros sitios que estaban más lejos. Lo malo es que a veces nuestro gusanilllo es un poco caprichoso jejjejeje

    Un besazo

    • Eso es, no por irte más lejos lo disfrutas más y, por fortuna, la Península es tan variada y esconde tantísimos tesoros que, en ocasiones, siento que no le prestamos la suficiente atención
      Ahora, es cierto que el gusanillo es caprichoso, mucho, mucho, mucho. Pero ahí estamos nosotros para contenerlo cuando sea necesario ¡Si nos dejásemos guiar por lo que quiere no pararíamos jamás!

      ¡Un abrazooote!

  2. Me ha encantado este post. Nosotros este año hemos realizado solo viajes nacionales de pocos días, estar en paro es lo que tiene, como bien dices hemos alimentado nuestro gusanillo con lugares cerca de nuestra casa y la verdad que no he echado en falta viajar fuera. Hemos vuelto a esos años de llevarnos la tartera en la mochila y sentarnos en un parque a comer, a realizar rutas de senderismo en la Sierra de Madrid que tan olvidada tenemos y a conocer mejor nuestra ciudad.

    Esta crisis nos ha enseñado que no hace falta irse muy lejos para ser felices. Un abrazo

    • ¿Y verdad que esas escapadas se disfrutan? A mi me hace sentir estupendamente conocer algún lugar cercano o descubrir un rinconcito increíble. A veces siento que hay tal obsesión por salir fuera que, de algún modo, es casi como si despreciásemos lo que tenemos, cuando contamos con la gran suerte de vivir en un trocito del mundo que cuenta con un poquito de todo

      A ver si esta crisis nos da un respiro a todos los niveles.
      ¡Un abrazoote enorme compañeros! Y mucho ánimo

  3. Ay Eva, que post más bonito. De hecho me has dado que pensar. Siempre intento irme fuera, cuanto más lejos mejor, cuantos más días mejor. Ni con esas mi gusanillo se calma. Pero ¿Que pasará si algún día no puedo viajar?
    Creo que el viaje no importa, son los sueños, las ilusiones y el poder emocionarse al descubrir un destino. Sea el que sea. Esté donde esté. Ser viajero no es viajar mucho, es sentir cada viaje como algo especial en tu vida. Hay gente que puede estar en el kilimanjaro y pensar ¡Pues vaya, esto es una montaña más! Y otros emocionarse con un atardecer en la puerta de su casa. Saber apreciar cada cosa bonita de la vida, del mundo, cada cosa diferente y no tener barreras. Creo que eso es para mí ser viajero.
    Enhorabuena por llevarlo a buen puerto y a seguir creciendo.

    Un besazo!

    • ¡Muchas gracias Iciar!
      ¡Ay, cómo nos parecemos!

      Sí, eso es ser viajero para mí, no significa irte lejos, es el modo en que sientes y aprecias lo que te rodea y cómo vivas la experiencia del viaje sea donde sea. Y eso únicamente depende de uno mismo Por eso creo que a veces es bueno poner a régimen al gusanillo y detenernos a contemplar y comprender lo que no queda tan lejos El gusanillo no puede sólo acostumbrarse a grandes banquetes, los pequeños festines se pueden saborear de igual o incluso mejor manera. A lo mejor tenemos que bajarle las pretensiones al gusanillo y convertirle en un poco más humilde

      ¡Abrazoooote enorme, amiga mía!

  4. Por supuesto no hace falta ir muy lejos para disfrutar de la escapada, aunque sea al pueblo de al lado, siempre hay momento y lugares que te pueden sorprender sin irte muy lejos de tu casa o fuera de tu país! pues anda que no hay sitios suuuuper bonitos en españa

    • ¡Pues claro! Hay que saber disfrutar de lo que tenemos que contamos con la gran suerte de vivir en un país en el que podemos encontrar desde desiertos hasta playas paradisíacas, costas escarpadas o de perfiles ondulados, bosques mediterráneos y bosques atlánticos, colinas del color de la tierra o bañadas de verdores

      ¡Abrazooote!

  5. Hola Eva! Eso que has comentado en esta entrada es lo que aprendí yo cuando tuve a los tres niños y es una de las ideas por las que empecé mi blog…no podemos (o no queremos porque son muy pequeños) hacer grandes escapadas pero disfrutamos llevando a los peques a conocer sitios nuevos cercanos…cosas que gente de fuera de Extremadura conoce y que nosotros viviendo aquí no lo habíamos visto.

    Una frase que me gusta mucho es “Una vez al año ve a algún lugar en el que nunca hayas estado antes”, sea cerca o lejos…

    Y cuando los peques quieran acompañarnos a viajes más largos y lejanos pues volveremos pero sin dejar de disfrutar de conocer cualquier sitio nuevo esté donde esté.

    Un abrazo!

    • ¡Hola compi!

      La verdad es que cuando hay peques viajar se complica un poco más pero me parece genial que os hayáis adaptado y hayáis decidido alimentar su gusanillo haciendo que conozcan su tierra ¿Verdad que habéis descubierto lugares y rincones que jamás habrías pensado poder encontrar en Extremadura?

      Disfrutar de la experiencia del viaje, de aprovechar a conocerlo, sea lejos o cerca, es lo que realmente termina por importar

      ¡Un abrazote!

  6. Pingback:FITUR 2015: Resultado del experimento. Sobresalientes y suspensos. - UN MUNDO FASCINANTE

  7. Estoy totalmente de acuerdo contigo Eva, el mero hecho de descubrir un lugar lejano o cercano, en tu país o fuera de este, el seguir manteniendo la chispa de conocer algo nuevo es lo que importa. Yo tengo pasión por España, creo no hay un país con tantos contrastes, tanta cultura, tanta historia, me encanta perderme por cualquier rincón. También es verdad que fuera hay verdaderas maravillas y que empaparte de otras culturas te hace mejor persona y te enriquece humanamente. He pasado por momentos delicados de trabajo que no me permitieron salir fuera cuando era joven, sin embargo me llenaba muchísimo coger mi Vespa con los bocatas y la coca cola y perderme en alguna montaña cercana, incluso ahora lo hecho de menos. Afortunadamente quedaron atrás hipotecas y gastos obligados y ahora tengo mayor capacidad de movimiento por otros lugares más lejanos y de los que siempre vengo asombrado. A mis hijos desde los 3 meses ya los llevaba de viaje y son afortunados por haber vivido esas experiencias con sus padres siendo tan peques. Hoy en día les cuesta cada vez más acompañarnos pero… Ya viajan solos. Tienen la misma chispa por descubrir. Y lo mejor… Cada uno seguimos queriendo descubrir más y más …
    Besos y que sigáis con este ánimo que os acompaña en todos vuestros viajes. Al final somos parte de lo que hemos visto y vivido. 😉😉😉🏍

    • Sí, José, para nosotros eso es lo importante, mantener la chispa, como bien dices Es observar el mundo que te rodea constantemente y no infravalorarlo. Siempre hay cosas nuevas que ver y que descubrir, incluso en la ciudad o pueblo donde vivimos. Siempre hay algo nuevo, pero hay que saber mirar y apreciar

      Tenemos la gran suerte de vivir en un pedacito del mundo con una historia fascinante, rica, variada, con un país que hoy en día es riquísimo en Patrimonio y Cultura, Geológicamente impresionante, un país donde pasamos del desierto a la selva, de mesetas sinfín a montañas abruptas, de cañones, de playas vírgenes y salvajes y playas de arena fina blanca a negra. Tenemos esa gran suerte y eso hay que saber valorarlo.
      Hay que conocer lo que hay fuera, nosotros estamos totalmente de acuerdo, tenemos que conocer el planeta donde vivimos y a quienes viven en él y son diferentes, y apreciar esas diferencias y esa diversidad, pero sin desprestigiar lo que tenemos en este pedacito del mundo y su propia diversidad.

      Y, como bien dices, todos tenemos obligaciones económicas y situaciones personales que hacen que no podamos ir fuera en determinado momento. No pasa nada. Como digo, no se es menos viajero por no salir fuera del país. Me chirrían aquellos que promulgan que el que no sale de su país no es un viajero. Y es que, por desgracia, encuentro cada vez a más personas con es idea en la cabeza. Y no es así. Ser viajero es mucho más que rascar o poner chinchetas en un mapa. Al igual que la forma de viajar de cada uno, si disfrutas viajando te da igual hacerlo en una moto y unos bocatas, como es tu caso, o como nosotros en coche y con los bocatas o la comida a cuestas. Cada uno tiene que adaptarse a sus circunstancias personales y por eso no se es menor viajero ni se disfruta menos del viaje.

      Qué suerte la de tus hijos que han podido disfrutar de los viajes con sus padres. Eso crea unos vínculos y aporta un enriquecimiento personal incalculable e inolvidable

      Ánimo para ti también, para que sigas con el gusanillo de viajar, con esa curiosidad por el mundo. En lo que te podamos ayudar aquí estamos, no dudes en escribirnos. Y me ha encantado tu oración: Al final somos parte de lo que hemos visto y vivido. Una GRAN VERDAD.

      ¡Abrazote enooorme, viajero!
      Y millones de gracias por visitar el blog y por comentar

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