Tierras de Soria ’11. Día 1 (Parte 2/4): P. N. Cañón del río Lobos


Ponemos rumbo al Parque Natural del Cañón del río Lobos por la carretera provincial SO-920 hasta Ucero. Ya desde el sinuoso asfalto pueden observarse las enormes paredes de color pizarra, azules grisáceos y naranjas óxidos, paredes marcadas por la huella del agua del río que delimitaban, allá por el mesozoico (entre 225 y 65 millones de años). Porque eso es un cañón, la erosión provocada por el antiguo cauce de un río ¡Imaginad su inmensidad!

P.N. Cañón del río Lobos (Soria, España)

Ruta GR-86 y PR-65 del P.N. Cañón del río Lobos

Es a orillas del río Lobos que haremos nuestra ruta por el cañón y no puedes evitar pensar en esos instantes en los que realizas el recorrido a su mismísima vera, desdibujando el reflejo de su curso en el sendero de tierra, lo pequeño que es ahora y lo grandioso que tuvo que ser para deslizarse hoy en día con su pequeño cauce a la sombra de las enormes paredes que en otros tiempos esculpió.

Realizamos parte de la Senda del Río, la ruta GR-86 desde Ucero que se une con la PR-65 hasta llegar un poco más allá de la Ermita de San Bartolomé. Este recorrido se traduce en algo más de 7 kilómetros de ida, aproximadamente unas 2 horas. Es una ruta sencilla, en un terreno con poco desnivel. Muy interesante, por tanto, para hacer también con los más peques.

Perfil Ruta P.N. Cañón del río Lobos (Soria, España)

La senda comienza atravesando un pinar con zonas en proceso de reforestación, deslizando nuestros pasos sobre algunos caminos de piedra en terreno seco para más adelante hacerlo sobre húmedo, escuchando un suave rumor del agua que corre en hilillos en un río prácticamente helado protegido en su ribera por altos chopos desnudos, y con el viento y el sol trayendo los sonidos y las sombras del buitre leonado que reina en las alturas del Cañón.

P.N. Cañón del río Lobos (Soria, España)    P.N. Cañón del río Lobos (Soria, España)

Y nos adentramos en un remanso de quietud y paz, como si todo se hubiese detenido. Los hilillos de agua son tan finos que el río, a pedazos, parece un espejo del cielo, convirtiendo lo que ves en un reflejo infinito en el que no sabes donde comienza y donde acaba, como cuando las ramas se hunden en el agua y no disciernes con claridad el límite.

P.N. Cañón del río Lobos (Soria, España)

P.N. Cañón del río Lobos (Soria, España))

P.N. Cañón del río Lobos (Soria, España)

Durante la ruta podremos disfrutar de pequeños estanques y lagunas de aguas azures o de colores indeterminados que vibran con un tímido turquesa, con una capa de hielo frágil rota por las ramitas que han caído de los árboles que las circundan. Grandes piedras musgosas por la humedad decoran el paisaje a orillas del camino, a la vera del río, y también encontraremos pequeños troncos muertos donde crece vida.

P.N. Cañón del río Lobos (Soria)

P.N. Cañón del río Lobos (Soria, España)

P.N. Cañón del río Lobos (Soria, España)

Hay una pequeña subida y la senda nos aleja del río para acercarnos a las paredes del cañón donde cruzaremos un puente natural con una pequeña caída salvaguardada por un vallado de madera. A partir de aquí podremos contemplar entre los árboles la explanada donde se encuentra la Ermita de San Bartolomé sobre un manto verde brillante, rodeada por las paredes de color óxido del cañón, apreciando las formas porosas de la roca, cortantes, o modelada como capillas inacabadas.

P.N. Cañón del río Lobos (Soria, España)

La Ermita de San Bartolomé y la Cueva Grande

Siguiendo el camino de tierra llegaremos hasta las inmediaciones de la Ermita de San Bartolomé, construida en el siglo XIII y vinculada a los Templarios. Parece que esta ermita era la antigua Iglesia del convento templario de San Juan de Otero, siendo uno de los cinco templos que la orden tenía en Castilla hasta su disolución a principios del siglo XIV. Para aumentar su ya de por sí enclave especial, parece ser que se encuentra en un punto equidistante de los dos puntos más septentrionales de la Península (cabo de Creus y Finisterre) por lo que se podría considerar el Omphalos, que representaba el ombligo del mundo, en este caso, el ombligo de la Península Ibérica.

Ermita de San Bartolomé, P.N. Cañón del río Lobos (Soria, España)

Un poco más allá, continuando por la senda de tierra, llegaremos hasta la Cueva Grande, no sin antes detenernos un momento a contemplar las enormes moles de piedra y las formas no sólo que tienen por la erosión del agua sino también las que parecen tener por el modo en que se esparcen los colores sobre ella. Acercándonos, para contemplar su altura, también veremos el río de un color turquesa muy vibrante, meciéndose en ondas a capricho del viento, salpicado de nenúfares y reflejando el color dorado de la roca, una roca que lo cubre como una cueva, pues parte del agua transcurre bajo tierra. No hay que olvidar que estamos en el meandro del río Lobos.

Tocón, P.N. Cañón del río Lobos (Soria, España)

P.N. Cañón del río Lobos (Soria, España)

Cruzamos el río y nos adentramos en la Cueva Grande. Altísima y espigada, casi como si fuese una réplica hueca de la roca enorme que habíamos contemplado antes de entrar. La temperatura es ligeramente más alta en el interior, lo que se agradece, y desde ahí podemos observar la Ermita de San Bartolomé, casi como si lo estuviésemos haciendo desde un escondite secreto, con la otra pared del cañón recortada al fondo y los árboles aún teñidos de colores del otoño salpicando el paisaje.

Cueva Grande del P.N. Cañón del río Lobos (Soria, España)    Cueva Grande, P.N. Cañón del río Lobos (Soria, España)

Ermita de San Bartolomé desde la Cueva Grande, P.N. Cañón del río Lobos (Soria, España)

En el interior de la Cueva Grande, la roca es arenisca y la tierra arcillosa, muy fina, como la de la arena de una playa. La cavidad se adentra muy profundo en una cuesta empinada y resbaladiza, hasta formar un pequeño hueco en la parte superior de color negro en el que pueden apreciarse marcas de murciélagos.

Interior Cuva Grande, P.N. Cañón del río Lobos (Soria, España)

Tras merodear en ella salimos al exterior donde hace algo más de frío pero se agradece la luz del sol en la piel y continuamos la senda. Bordeando la Ermita y el meandro del río y caminando unos cientos de metros, si nos giramos y contemplamos las paredes que quedaban a nuestra espalda, apreciaremos con claridad la forma de semi bóvedas en la roca del cañón ¿No os parece curioso que la erosión haya provocado estas formas tan particulares y que se repitan hasta cuatro veces, una al lado de la otra?

P.N. Cañón del río Lobos (Soria, España)

Seguimos caminando un poco más, apreciando pequeñas cuevas en la roca y contemplando nuevas formas en la piedra, extrañas, casi como si las hubiesen colocado así a propósito.

P.N. Cañón del río Lobos (Soria, España)

Fijaos en esta fotografía, cómo parece que la piedra ha sido tallada como vigas que forman un pasadizo bajo puentes naturales.

P.N. Cañón del río Lobos (Soria, España)

Tras unos veinte minutos más caminando emprendimos el camino de regreso. Teníamos que deshacer los 7 kilómetros que habíamos recorrido, llevábamos dos horas merodeando por el cañón, (por lo que este fragmento de la ruta se consolida con 4 horas ida/vuelta) y teníamos que seguir el plan de la jornada.

Mirador de La Galiana 

Pero antes de despedirnos del Cañón del río Lobos teníamos que ir a un último sitio. El Mirador de La Galiana porque desde aquí se pueden tener una vistas espléndidas de las paredes del cañón que parecen contener un mar de pinares sobre ellos, contemplar los ondulados montes y valles sorianos y el curso del río Lobos y, sobre todo, observar a los buitres leonados sobrevolando los cortantes, muy cerca de nosotros, casi como si quisieran posarse a nuestro lado.

Mirador de La Galiana, P.N. Cañón del río Lobos (Soria, España)

Buitre desde el Mirador de La Galiana, P.N. Cañón del río Lobos (Soria, España)

Mirador de La Galiana, P.N. Cañón del río Lobos (Soria)

Y ahora sí que sí, rumbo a nuestro siguiente destino…


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 ♦ Tierras de Soria ’11.

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Sobre Eva

Viajera insaciable, lectora incansable, eterna aprendiz de idiomas y meticulosa observadora de culturas, lingüista, traductora y curiosa como yo sola. Mi lema: Viajar para vivir y sentirse vivo.
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4 Comments

  1. Fui en el 99, y a pesar de mi pésima memoria la imagen de la iglesia de los templarios desde la cueva se quedó grabada para siempre en mi retina…

    Precioso lugar. Gracias por llevarme de vuelta

    • La verdad es que ver la pequeña iglesia a través de la cueva es una imagen preciosa. Me alegra que te haya servido para recordar aquel viaje

      ¡Abrazote!

  2. Esa ruta la hicimos hace unos tres años y nos encantó. Me ha gustado mucho volver a recordarla viendo tus fotos. Y tienes razón con lo de que se pueden llevar a los peques! Un beso!

    • Es una ruta muy bonita, genial para estar en contacto con la naturaleza, desconectar, y estar en calma disfrutando del paisaje. Y como es sencilla de hacer se puede llevar sin problemas a los más peques de la casa para que también disfruten

      ¡Me alegra que hayas reavivado recuerdos!
      ¡Abrazooote grande!

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