ISLANDIA. Día 2: Desde Geysir hasta Landmannalaugar

Nuestro segundo día en Islandia nos trajo bastantes alegrías, bastantes risas y alguna que otra sorpresa… ¿Y nos desveló un pequeño truco/trampa islandesa que nos hizo cachondearnos el resto del viaje? Sigue leyendo, que ahora te lo cuento

MAPA DE RUTA

 

 

Nos despertamos alrededor de las 6:15 y, por primera vez, sentimos lo que era la humedad del rocío y el frío de la mañana islandesa y eso que, valientes de nosotros, la noche anterior nos acostamos con calor. ¡Otras, lo que nos costó salir del saco y lo mucho que nos costó vestirnos! De ahí aprendimos que, especialmente cuando estuviésemos durmiendo cerca del océano o de un río, tuviésemos la precaución de quedar medio vestidos la noche anterior

Desayunamos dentro de nuestra tienda de campaña a medio montar (la que resistió toda la noche de una pieza como una campeona) dando tumbos de un lado para otro mientras con una mano comíamos y con otra nos apañábamos para ir recogiendo. Cosas de intentar perder el menor tiempo posible Pero, lo que me gustaría, es que trates de imaginar la siguiente escena:

Una tienda de campaña para dos a medio montar, con dos personas dentro que no son precisamente pequeñas y que no paran de moverse y tropezarse entre ellos y con las frágiles paredes de la tienda. A eso súmale algún que otro quejido y chillidito tal que: “no empujes”, “jolín lo que ocupas”, “¡ay!” “quita, quita”. Ahora imagina que ésa escena la contemplas desde fuera. Y ahora imagina que son dos personas hablando en un idioma que no entiendes y estas viendo todo ése ajetreo dentro de la tienda ¿Qué pensarías?

Finalmente salimos de nuestro escondrijo como dos ratones recién peleados, recogimos la comida que echamos en las bolsas del supermercado que teníamos en el coche, sacamos los sacos, los hicimos una especie de bola conjunta y los tiramos en los asientos de atrás de nuestro Dusty. Todo muy elegante, sí. Y entonces nos pusimos a desmontar la tienda prestando un poquito de atención, porque también era la primera vez que desmontábamos una. No puedes imaginarte lo orgullosos que estuvimos al recogerla en lo que pensamos que fue un minuto pero que en realidad fueron cerca de diez.

Campin Múli, Islandia.Entre unas cosas y otras, salimos de Múli a las 6:57 y, sin más demora, pusimos dirección a nuestra siguiente parada, una de las más famosas de Islandia, Geysisgil, el campo de géiseres donde se halla Geysir, aquél que dió nombre a este fenómeno.  

Geysisgil: Geysir

Llegamos a Geysisgil, campo de géiseres, a las 7:11 y… ¡Sorpresa! ¡Está cerrado! Sí, cerrado, como lees. Toda la zona de géiseres se encuentra vallada por dos motivos, uno, es propiedad privada y, dos, por seguridad y hasta las 10:00 en punto no abren la puerta para que puedas pasar. Sin embargo, desde las 9:00 se encuentra abierto el Centro Geysir, una enorme construcción de madera que alberga todo en uno: una enorme tienda de regalos (que os recomendamos entrar a verla y en la que nosotros nos perdimos mucho más de lo que pensamos), un restaurante y un hotel. Hotel Geysir

TomarNota-64 Geysir es una de las pocas palabras del idioma islandés que se han adoptado en otros idiomas. Su plural es geysire, aunque cada lengua ha adaptado la grafía a su normativa. Existen alrededor de 1000 géiseres en el mundo y la mayoría se encuentran en el Parque Nacional de Yellowstone (EEUU).

Como llegamos tan temprano y habíamos dormido tan poco, decidimos dormitar un ratito más en el coche que dejamos en el aparcamiento del hotel y descansar hasta que abriesen la tienda de regalos, esa en la que nos perdimos mucho tiempo, sí

Y he aquí que, mientras estábamos a la espera, “descubrimos” algo que nos llamó bastante la atención. Ése quizá secreto quizá trampa islandesa, que hizo que durante el viaje fuese un chascarrillo humorístico que aprovechábamos para sacar a coalición cada vez que estábamos cerca del agua en Islandia. Pero aún tengo que contarte algunas cosas más antes de explicarte ésta curiosidad

Tras nuestro paseo por la tienda, y alguna que otra compra, salimos y cruzamos la carretera para traspasar la valla que nos adentraría en el campo donde se hallan los géiseres. Era una de las visitas a la isla que más ganas teníamos de presenciar, por la espectacularidad de todas esas imágenes que habíamos visto antes de ir y por ser uno de esos fenómenos que pueden verse en muy pocos lugares del mundo.

Strokkur - Geysir, Islandia.La situación del campo de géiseres es un emplazamiento particular. Por algún motivo imaginé que aquello era una explanada gigantesca que se salpicaba de esas grietas en la tierra de la que erupcionaba el agua con fuerza. He de decir que, en ese aspecto, me sentí un poco defraudada.

El campo se halla a orillas de la carretera, vertido sobre un par de colinas bajas, suaves y ondulantes de verde pardusco, se salpica con vegetación aquí y allá, como junquillos, el suelo está tan húmedo que parece embarrado y los vapores forman nubes que dan la sensación de ser una neblina espesa un poco desagradable. Por algún motivo mi imaginación había compuesto que aquello debía parecerse mucho a Seltún (Krýsuvík) pero no, no al menos en toda su dimensión.     Strokkur - Geysir, Islandia.

Por otro lado, el recinto se encuentra partido por un camino de baldosines del que no puedes salirte y que recorre el campo de géiseres los que, para más inri, están delimitados con cordones para evitar que te acerques. Además, en todos ellos encuentras una pequeña placa informativa con la temperatura a la que sale el agua. Todo este camino que parte la tierra y que borra el rastro de colores de ese humedal, le quita cierto encanto. Pero claro, luego te cuentan los propios islandeses que han tenido que hacerlo así porque ha habido algún accidente con algunos turistas que se acercaban a las grietas y se abrasaban. Al final, por los inconscientes de siempre, se consigue que un lugar asombroso pierda parte de su magia.

Mapa Geysir, Islandia. 

Geysir

En este campo hay ocho géiseres, de los cuales siete permanecen durmientes y entre estos últimos está Geysir que es el que ha dado nombre a este fenómeno de la naturaleza y que es el primero que te encuentras.  Geysir, Islandia.

Geysir, erupciona agua a 100ºC y a una altura de entre 70 y 80 metros pero cuenta una leyenda urbana que los islandeses trataron de hacerlo más atractivo para los turistas y experimentaron para aumentar la frecuencia y la potencia de la erupción y que el agua llegara más alto.

Ahora os cuento la verdad: Geysir erupciona después de los terremotos de cierta intensidad. La última vez que despertó para mantenerse activo por algún tiempo fue en el año 2000, cuando erupcionó a intervalos de entre 4 y 8 minutos y expulsando agua hasta los 122 metros de altura durante tan sólo dos días. Se mantuvo activo de forma irregular y expulsando agua a menos altura hasta el 2003, cuando volvió a dormir. Hubo una gran erupción en el año 2009 que, al parecer, hizo que Geysir inundara toda la zona.

Geysir, Islandia.Sí es cierto que los islandeses experimentaron durante la década de los 80 vertiendo jabón en Geysir para intentar provocar erupciones de forma más continuada pero eso no ha hecho que “se haya apagado”, como se oye, se dice y se rumorea como gancho turístico. Geysir despierta siempre tras los terremotos.

Sigues caminando por la vía de baldosines y empiezas a apreciar a ambos lados fumarolas y algunas pozas calientes con esos colores que parecen imposibles, esos colores que siempre piensas que en las fotografías retocan pero que cuando los tienes delante te das cuenta de que son así.   Geysir, Islandia.

Strokkur

Y entonces te encaminas hacia Strokkur, el géiser que permanece activo, que expulsa agua a 100ºC a una altura de entre 20 y 30 metros (a veces 40 metros) a intervalos de entre 4 y 8 minutos. Y mientras sigues paseando de camino a encontrarte cara a cara con ese fenómeno increíble… ocurre.

La primera vez nos pilló desprevenidos (y te pillará, créeme) contemplando los colores de las piscinas y de la tierra, intercambiando comentarios sobre cómo será y si nos provocará tanta emoción como esperamos. De repente, escuchamos como si una ola del océano se hubiese golpeado contra las rocas bajo nuestros pies, ese sonido es lo más parecido a lo que escucharás allí. Nos quedamos de piedra, congelados en el sitio, mirando como el agua caía como una lluvia reluciente y como una nube densa se iba desvaneciendo poco a poco hasta desprenderse en una humareda insignificante y permanente.

Nos miramos y casi a la vez y con las mismas palabras dijimos: “Saca la cámara, vamos a hacernos una foto aquí por si luego no podemos hacérnosla allí cerca”.

Strokkur - Geysir, Islandia.Y después, corrimos como locos hasta quedarnos alrededor de ese casi círculo perfecto en el suelo, donde los colores brillantes y extraños de una tierra rugosa de pequeños cráteres, no dejaban de sorprendernos. Y esperamos. Y esperamos. Y esperamos un poco más. Y había un punto de ansiedad que punzaba ése miedo irracional que te hace pensar un “Madre mía, se acabó. Aquí no va a erupcionar nada más”. Y entonces, hay algo, quizá un leve y casi inapreciable temblor de tierra bajo tus pies, quizá un extraño silencio previo, como si la naturaleza quisiera advertirte… no sé lo que es, pero hay algo, algo que te hace intuir un: “Ahora, ahora ¡Ahora!”. Y entonces pasa.

Una gloriosa y casi perfecta burbuja de color azul cián brillante como un neón despega de la tierra y el agua explosiona proyectándose a 20 metros de altura. Un calor húmedo y repentino te abofetea en la cara mientras observas ése agua elevándose al cielo como una cascada invertida… y tan rápido como lo has visto subir desciende como una suave lluvia cálida y espesa que te empapa por entero. Strokkur - Geysir, Islandia.

Strokkur - Geysir, Islandia.

Strokkur - Geysir, Islandia.

Strokkur - Geysir, Islandia.
Ah, qué maravilla. Otra vez, otra vez. Y allí te quedas, viéndolo repetirse varias veces, viviendo esa emoción ansiosa de “Cuándo pasará”, esa de “¡Ahora!” y de esas que parecen pero terminan por no ser, porque la burbuja también hace amagos, pero no termina de romperse en miles de pedazos. Strokkur - Geysir, Islandia. Strokkur - Geysir, Islandia.Y ahora sí, ahora te cuento esa curiosidad, o trampa o… no sé muy bien cómo definirlo, que nos sorprendió ¿Recuerdas que te he contado que como estaba cerrado, aprovechamos para descansar en el coche que dejamos en el aparcamiento? Bien, bueno… resulta que durante ese casi par de horas que estuvimos allí… Strokkur no erupcionó ni una sola vez. No lo escuchamos, ni tampoco lo vimos, porque desde el aparcamiento se ve la columna de agua ¿Fruto de una casualidad, sin más? No lo sabemos. Extraño nos pareció, desde luego.

Lo cierto es que, desde ese momento, dijimos que aquello era todo cosa de un grifo que no abrían hasta las 10:00. Así que, a cada que veíamos una cascada o un chorro de agua deslizándose por las montañas, sacábamos a coalición el tema del grifo, que si se lo habían dejado mal cerrado, en caso de que fuese poca agua, o que si se habían pasado abriéndolo cuando aquellas trombas inmensas de agua se deslizaban ante nuestros ojos… Sea como fuere, tras ver a Strokkur repetidamente (después de las 10:00) decidimos despedirnos y seguir rumbo hacia nuestra próxima parada en Islandia. Directos hasta la segunda cascada que veríamos en la isla, Gullfoss.

Gullfoss

La cascada dorada, que así sería la traducción de su nombre Gullfoss, se halla en el cañón que forma el río Hvitá, el río blanco, que nace del glaciar Langjökull, una mole de hielo de 580 metros de espesor y con una superficie de 925 km2 al sur oeste de Islandia. La cascada se forma por el giro brusco del cauce del río en forma de Z que provoca a su vez dos saltos de agua que dan como resultado una de las cascadas más curiosas de Islandia y una de las más visitadas.

Curiosa porque a medida que te acercas su forma cambia ante tus ojos, como si se transformase en otra diferente. Cuando vas bajando por el camino de tierra negra, lo que ves es un río de 20 metros de anchura y muy caudaloso donde hay un pequeño salto, de nada más y nada menos que 11 metros. Así parece mucho, pero en persona no aparenta nada especial de hecho, y casi piensas “Pues no es para tanto”.  Gullfoss, Islandia.

Pero claro, a medida que bajas por el sendero, girando hacia la izquierda, la profunda grieta de la tierra, de 32 metros, se va mostrando ante ti y, con ella, el segundo salto de la cascada, una caída de vertical perfecta de 21 metros que arrastra 140 m3 de agua por segundo.

Gullfoss, Islandia.Sigues adelante por el camino que transcurre como una gemelo del cañón y el estruendo se hace cada vez más fuerte, como un rugido poderoso y continuo. Las cortinas de agua que se levantan por el chocar con las rocas comienza a esparcirse y debes atravesarlas para seguir acercándote a la vera del mismísimo río Hvitá, a la vera del primer salto. Así que es imprescindible llevar impermeable o abrigo impermeable si no quieres terminar empapado. Gullfoss, Islandia.

Cuando llegas al final del camino y comienzas a pisar las sedosas y húmedas piedras negras que conforman la base del río y miras hacia la cascada, ha vuelto a transformarse. Otra perspectiva distinta, esas cortinas de agua nublan todo y te es sumo difícil ver el río y, según sople el viento, incluso el camino habrá desaparecido.

Gullfoss, Islandia.

Gullfoss, Islandia.

Y estás allí y el agua que se despeña transcurre prácticamente rozándote los pies. Las tentaciones de atravesar el cordón y tocar el agua con tus manos son inmensas ¡Pero no se te ocurra hacerlo! Esta cascada es muy traicionera, estarás justo a la vera de una caída de 11 metros, si te resbalas o viene un flujo de agua mayor y te arrastra no te dará tiempo a sujetarte a nada ¡No hagas locuras!

Gullfoss, Islandia. 

Lago y presa Sultartangalón

  Continuamos camino, hacia nuestro próximo destino. Nos adentramos en la carretera número 30 y el entorno islandés sigue conmoviéndonos. Los distintos paisajes de colores cambiantes, lagos, riachuelos, colinas, planicies, vallas de madera, ovejas que corretean entre el pasto, campos de lava… todo meciéndose, todo vivo, todo distinto. Carretera 30 de camino a Landmannalaugar, Islandia.

Carretera 30 de camino a Landmannalaugar, Islandia

Carretera 30 de camino a Landmannalaugar, Islandia

Vamos por la carretera, en busca de nuestro siguiente destino, pero entonces llegamos a uno de esos puentes islandeses que parecen de juguete, uno de esos que parece corto y muy estrecho por donde sólo puede pasar un coche… Y mientras lo atravesamos nos damos cuenta de que estamos atravesando una inmensidad de agua que se desliza con calma y que nos pilla completamente desprevenidos.

Sultartangalón, Islandia.

Sultartangalón, Islandia.

Según atravesamos el puente, dejamos el coche a un lado y hacemos una parada técnica, intentando encontrarnos y saber cómo llegar a nuestro siguiente destino. Sacamos el mapa, lo ponemos sobre el coche y mientras que Héctor se encarga de ubicarse yo bajo por un caminito de grava gris cenicienta y me encuentro con otra de esas señales islandesas de color naranja con las que no sabes si reírte, por si aquello es humor islandés, o si salir corriendo. (Recuerda el campo de minas del día anterior).

Sultartangalón, Islandia.Resulta que nos encontrábamos a la vera de la presa del lago Sultartangalón… y en una de las señales se lee: “El agua puede ser liberada al río sin previo aviso”.   Tras hacer la foto, decidí salir corriendo entre risas (porque me estaba contagiando del “humor islandés”) y volver hacia el coche para contarle a Héctor y a nuestro recién conocido amigo Francesco lo que me había encontrado bajando el caminito, sólo por si les hacía tanta gracia como a mí.

Pues no, me miraron con cara de “te estás volviendo loca” y con un revoltijo de nuestro mapa, el mapa que llevaba Francesco y otro mapa más que él traía de la oficina de turismo (en ninguno de los suyos salía el lugar donde íbamos) intentaron ponerse de acuerdo sobre hacia donde ir.   Sultartangalón, Islandia.Claro, en esos momentos, te apetece dejar de perder el tiempo y decidirte por preguntar a alguien. El caso es que en Islandia te vas a encontrar con que no tienes a quién preguntar… y puedes pasar horas sin cruzarte con otro vehículo. Pero tuvimos la suerte de que un coche cruzó el puente y lo paramos para preguntar. Ja, ja, ja… familia holandesa que estaba allí de vacaciones. Tan medio perdidos como nosotros. Al final, decidimos cruzar el puente, volver hacia atrás y adentrarnos por otro caminito que pensábamos que no llegaba a ninguna parte… Pero sí, llegó. Llegó justo donde queríamos llegar.   

Háifoss

Nos adentramos por un camino de grava negra y repleto de baches y hondones que transcurre en lo que parece campo a través. Pasamos unos minutos divertidos, poniendo a prueba el 4×4, salto aquí, salto allá, charco, agua, grava embarrada… y varias ovejas que iban de un lado a otro y que no dudaban en mirarnos como si se preguntaran qué demonios hacíamos por allí. Haifoss, Islandia.

Tras otro rato en que casi estuvimos a punto de darnos la vuelta, el camino se bifurcaba y al fin encontramos una señal blanca con el nombre Háifoss escrito en rojo ¡Bien, habíamos acertado! Así que seguimos la dirección que indicaba la señal y a los pocos minutos nos hallamos en una especie de planicie que se curvaba un poco hacia abajo… y una nebulosa de salpicaduras de agua nos indicaba que la cascada estaba cerca. Dejamos el coche y anduvimos por los pequeños y tímidos senderos dibujados sobre el pasto durante unos breves minutos.

Haifoss, Islandia.

Pisas la hierba, algo de musgo, roca porosa, grava… el sonido de la cascada se iba haciendo más fuerte. Amenazaba lluvia, nubes algodonosas mecidas por el aire, rayos de sol que se filtraban aquí y allá vertiéndose sobre las suaves colinas islandesas. Una lluvia se desliza en el aire, cae con parsimonia y el sol se funde y hace que brille como miles de gotas de oro cayendo sobre nosotros. Y llegamos, un precipicio negro, un cortado fundido en verde, dos cascadas entre blancas y azules por momentos fugaces, 122 metros de altura, Háifoss. Haifoss, Islandia.
Haifoss, Islandia.

Haifoss, Islandia.

Para nosotros, la más bonita de todas las que vimos. Quizá porque el clima nos acompañó, presentándonos un cielo como un hermoso lienzo coloreado al pastel y brindándonos un atmósfera mágica con los rayos del sol haciendo que el agua brillara como oro cayendo de las nubes. Quizá fuese por estar al borde de un principio de lava fosilizada y musgo verde iridiscente, observando el agua caer con fuerza en una vertical de 122 metros. Quizá fuese todo el conjunto lo que hizo que Haifoss se convirtiese en una de nuestras cascadas favoritas de la isla.

Haifoss, Islandia.

Carretera F208 hasta Landmannalaugar

Tras pasar varios minutos tomando fotografías, recogimos los trastos y nos despedimos de Háifoss. Junto con nuestro amigo Francesco pusimos rumbo hacia Landmannalaugar por la carretera F208. Desde Háifoss tardaríamos cerca de dos horas hasta llegar a nuestro próximo destino.   De camino atravesamos campos que parecían inmensas dunas cenicientas que se fundían en un gris azulado perlado para terminar por volverse negras cuando nos atrapó la noche, lo que nos obligó a extremar precauciones. La única pega que tuvimos con nuestro Dusty es que no tenía unos faros tan potentes de noche por lo que Francesco tuvo que ponerse primero para alumbrarnos mejor el camino y poder continuar por esa carretera sinuosa sin asfaltar que nos llevaría a otro de los puntos que más ganas teníamos de visitar en Islandia.     De camino a Landmannalaugar, Islandia.

Pero al llegar, sólo atisbábamos a ver unas montañas ondulantes en una negrura profunda, sin luna y una bóveda celeste repleta de miles de estrellas, tantas como pocas veces podrás ver en tu vida. Y, para colmo, para poder llegar a la zona de campamento de Landmannalaugar, resulta que teníamos que vadear un río que, además, por el lugar por donde es obligatorio cruzar nos pareció bastante profundo, algo que ratificaríamos al día siguiente cuando un valiente se atrevió a cruzar.

Landmannalaugar, Islandia.

Después de intercambiar comentarios en una mezcla de lenguas (Francesco en italiano, Héctor en castellano y yo en inglés) decidimos que no nos arriesgaríamos con las horas que eran y esperaríamos a la mañana siguiente. Así que aparcamos los coches en una barriga que le salía a la carretera (que de hecho es un aparcamiento para quienes deciden hacer senderismo desde allí) donde otros vehículos y sus pasajeros ya estaban terminando de prepararse para dormir o bien ya estaban en brazos en Morfeo. Y allí dormimos, dentro de Dusty y bien abrigados con nuestros sacos de dormir porque, recuerda, abrígate muchísimo cuando caiga la noche en Islandia y te encuentres cerca del agua

En la próxima entrada te explico bien sobre éste aparcamiento para que cuando llegues, por si te pasa como a nosotros y apareces allí de madrugada, no te pille por sorpresa como a nosotros.


VÍDEO de nuestro canal de YouTube

(Próximamente)


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Sobre Eva

Viajera insaciable, lectora incansable, eterna aprendiz de idiomas y meticulosa observadora de culturas, lingüista, traductora y curiosa como yo sola. Mi lema: Viajar para vivir y sentirse vivo.
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