Historia de la Estación de Canfranc

Déjame contarte la historia de la Estación de Canfranc. La historia de un proyecto de majestuosa arquitectura y, sobre todo, de prodigiosa ingeniería forestal en medio de los abruptos Pirineos en una época convulsa de agitada política y no boyante economía. Un proyecto que nació como la vanguardista idea de comunicar España con Europa a través del más eficaz y entrañable transporte de la época, el tren. Una idea excepcionalmente acertada que se empañó y malogró por acontecimientos que parecían presagiar el desafortunado momento de la historia que le tocaría vivir…

Ponte cómodo. Espero que disfrutes conociendo la historia de esta belleza del patrimonio.

Estación Canfranc 

Los inicios de la estación de Canfranc

La historia de la Estación Internacional de Canfranc comienza en la segunda mitad del siglo XIX cuando Aragón mostró interés en abrirse paso vía ferrocarril a Francia. Hubo intentos de negociación entre los dos países con diversos proyectos sobre la mesa pero con la Guerra de la Independencia aún haciendo sombra, se fueron demorando. No fué hasta el siglo XX que la idea tomó forma y arrancó durante el reinado de Alfonso XIII.  

Se firmaron varios convenios entre España y Francia para llevar a cabo este colosal proyecto que atravesaría el corazón de los Pirineos a través del puerto de Somport. El primero de ellos en 1904 que estableció las bases del proyecto dando arranque a las obras de los túneles que agujerearían las aparentes infranqueables montañas.

Pero he aquí, que ya desde el principio la estación se vio en peligro, casi como si fuese un augurio de su accidentado y poco fortuito destino.

Por un lado tenía competencia y es que, al tiempo que se llevaban a cabo las obras de los túneles pirenaicos, se estaba construyendo una línea por Lleida. Por otro, en principio se construiría la estación del lado francés.

Por suerte, al final, los ingenieros (especialmente los franceses) hicieron mucho hincapié en la dificultad de construcción y en la enorme suma económica que supondría levantar la estación en Francia, así que se decidió que la estación se erigiría en el lado español, en el poblado de los Arañones, en Canfranc-Estación.

Problemas monstruosos y soluciones colosales

Uno de los problemas que se planteaban (y que aún hoy en día arrastramos) era el ancho de las vías. Mientras las francesas seguían el llamado ancho internacional de 1.44 metros, el ancho de las vías españolas eran mayor, de 1.67 metros ¿Cómo salvaguardar este problema?

Tras varias disputas, al final España se salió con la suya: de un lado de la estación se construirían los tramos de vías en ancho internacional mientras que del otro lado serían de ancho español, con un segmento de ancho mixto.

El edificio de la Estación Internacional de Canfranc sería entonces compartido, sirviendo de enlace, aduana y frontera.

Y es así como se hizo: desde el vestíbulo principal, la mitad sería suelo francés y la otra mitad suelo español. En cada lado había dependencias de policía, hacienda, enfermería, cafetería, hoteles, bibliotecas, correos y bancos del respectivo país.

Estación de Canfranc, Aragón. España.Otro dos problemas surgían en el emplazamiento propiamente dicho, en las montañas. Primeramente, por allí transcurría el curso del río Aragón. Segundo, no había base llana para levantar ni la estación ni las vías. Así que, comenzó una obra de ingeniería colosal.

Por un lado se desvió el curso del río Aragón. Aunque la naturaleza siempre encuentra su curso y hoy en día se sigue filtrando agua en el túnel que conecta con el vestíbulo principal y que podrás ver (y oír, si hay silencio suficiente) cuando hagas la visita. Por otro lado se llevó a cabo el igualado del terreno, moviendo tierra, arañando terreno a las montañas. Porque hoy, si mirases desde arriba, verías que hay una explanada de algo más de un kilómetro perfectamente plana donde se asienta la estación. Pero esto no era así cuando se planificó la construcción de la Estación Internacional de Canfranc, era un terreno abrupto, astillado, en parte cauce del río Aragón.

Obras Estación Canfranc

Imagen base cortesía de Instituto Geográfico Nacional y Google Maps.

No se han terminado los problemas. Aún quedaba algo más respecto a las montañas y el clima; las nieves eran y son tan abundantes en Canfranc que las avalanchas y aludes estaban a la orden del día.

Fíjate en el entorno cuando vayas, todo está rodeado de frondosos y altísimos árboles. La mayoría no estaban allí. Todos esos árboles, más de 8 millones de pinos, fueron plantados para ayudar a sostener el terreno y contener las avalanchas de nieve. Esta proeza de ingeniería forestal está considerada como una de las más importantes del mundo.

Estación CanfrancPero aún quedaba algo más que hacer. Cuando viajes a la Estación de Canfranc fíjate bien porque primero pasarás por Canfranc y, unos pocos kilómetros más adelante, llegarás a Canfranc-Estación. Quizá pienses que son el mismo pueblo pero no, no lo son. Y es que se acordó que se levantaría un nuevo pueblo para dar cabida a todos los trabajadores de la Estación Internacional de Canfranc, tanto a los españoles como a los franceses.

Como dicen por el pueblo de Canfranc-Estación: Aquí primero fue la estación y después el pueblo.

Inauguración e incendio de la Estación de Canfranc

Salvaguardados todos los problemas de ingeniería e ingeniería forestal que duraron casi cuarenta años, el edificio de la estación (un diseño de Fernando Ramírez de Dampierre) se concluyó en tan solo cinco. El 18 de julio de 1928 se celebró la ceremonia de inauguración con la presencia del Rey Alfonso XIII y el presidente de la República de Francia, Gaston Doumergue. Parece ser que el Rey apostilló: “Los Pirineos han dejado de existir”.

Inauguración Estacion de Canfranc

Inauguración de Estacion Internacional de Canfranc. Foto cortesía de Heraldo.es

Se cuenta por Canfranc-Estación que Franco estuvo allí el día de la inauguración, pero no en la ceremonia, sino hospedado en Canfranc pueblo, puestas ya sus miras en los franceses. Pero, el edificio apenas acababa de cumplir su primer año de vida… cuando la Estación Internacional de Canfranc salió ardiendo en septiembre de 1931. Al parecer un cortocircuito en lado español del vestíbulo principal habría sido la causa del incendio, que arrasó con la biblioteca y parte de la cafetería, dañando además la techumbre. Las pérdidas se estimaron dos millones y medio de las antiguas pesetas. Otros, dicen que el hecho de que el incendio sólo afectase a la parte española hace sospechar de que habría sido intencionado.

La Guerra Civil Española: el ejército franquista toma Canfranc

Pero en julio de 1936 estalla la Guerra Civil Española y la Estación Internacional de Canfranc se convierte en un lugar de alto interés estratégico. Cuando se impone la dictadura de Franco, rápidamente se toman la estación de Canfranc y para evitar deserciones y exilios desde España o que pudiera llegar cualquier apoyo desde Francia, el ejército franquista tapió el túnel que conectaba con el país vecino y así se quedaría hasta 1939, cuando estalla la II Guerra Mundial. Estación Canfranc

Al tiempo que aquél túnel era tapiado, se creó un corredor de búnkeres llamado oficialmente Organización Defensiva del Pirineo y, de manera coloquial, la Línea P, una línea de 10.000 búnkers bajo los Pirineos (de los que se constuyeron 6.000) para impedir el paso de cualquier ofensiva desde Francia.

En esta zona de Canfranc están los Búnkers de Picaubé, que de hecho pueden visitarse. Te dejo aquí un PDF con información sobre la ruta: Ruta Búnkers de Picaubé (Canfranc).

Los Nazis llegan a la estación de Canfranc

Y la II Guerra Mundial estalla en 1939 y, de nuevo, la Estación Internacional de Canfranc cobra un protagonismo quizá poco deseado.

Los Nazis, con un grupo de oficiales de la SS y miembros de la Gestapo que residían tanto en el hotel de la estación como en el pueblo, tomaron control de la parte francesa de la estación de Canfranc en noviembre de 1942 y lo mantuvieron hasta el final de la II Guerra Mundial en 1945.

La llegada de los Nazis provocó varios altercados con los militares españoles que protegían la frontera española, no sólo por la tensa situación de la II Guerra Mundial en sí misma sino por el hecho de que, oficialmente, España era neutral.

Estación CanfrancPero en Canfranc, como en todas las zonas de frontera donde ha habido conflictos de guerra, los bordes y los límites territoriales terminan por emborronarse y no ser definidos. Y así ocurría que tramas de espías se daban desde todos los bandos. La Resistencia Francesa se colaba por Canfranc ayudados en muchas ocasiones por sus amigos españoles. La estación también fue una vía para los judíos que escapaban del horror de la Alemania Nazi, escondiéndose incluso en las casas de Canfranc pueblo, así como de aquellos alemanes opositores al régimen y perseguían exiliarse. Pero también fue un coladero de contrabando. Quizá el más escandaloso es que el que te voy a contar ahora. Porque aunque la postura oficial de España era de neutralidad, lo cierto es que en noviembre de 2000 se encontraron unos documentos entre las vías del tren que especificaban el contrabando de oro del expolio Nazi. Nada más y nada menos que casi 87 toneladas de oro procedentes de Suiza se blanquearon en España a través de Canfranc. Estación Canfranc

Resultó que parece ser que parte de este oro (unas 22 toneladas) fue el pago que Hitler le hizo a Franco (junto con 4 toneladas de opio) por los envíos que hacía el régimen franquista de toneladas de mineral de wolfranio procedente de las minas de Galicia. Este mineral era esencial para el blindaje de los tanques y cañones del ejército nazi y Franco enviaba este mineral en agradecimiento por la ayuda de Hitler durante la Guerra Civil Española.

Las otras 74 toneladas de oro se cree que llegaron a Portugal (junto con 4 toneladas de plata, 44 de armamento, 10 de relojes y otros enseres) para ser enviadas a nazis exiliados en Sudamérica que se encargarían de esconderlo o blanquearlo.

Tras la II Guerra Mundial, la ruptura con Francia.

Finalizada la II Guerra Mundial la estación comenzó a recobrar su funcionamiento habitual aunque, debido a los estragos que la guerra había producido en Francia y la situación de España después de su propia guerra, la afluencia de trenes disminuía poco a poco pero de forma considerable. Al parecer, desde España sólo partían algunos trenes con algo de fruta hacia Pau (Francia), mientras que desde Francia apenas llegaban trenes y los que lo hacían venían casi vacíos, portando algo de maíz. Respecto a los pasajeros, 38.370 personas atravesaron la frontera en 1965 y 21.026 en 1969. Apenas 60 viajeros cada día.

Fue en 1970 cuando la estación recibió su estocada final que provocó su abandono, dejando esa maravillosa monstruosidad como un fantasma de hormigón y hierro olvidado en mitad del Pirineo. Fue el 27 de marzo cuando un tren francés, tirado por dos locomotoras, descarriló destruyendo el puente de L’Estanguet. Al parecer el descarrilamiento se produjo por un fallo en el sistema eléctrico que daba corriente a los frenos, dejándolos inútiles, y haciendo que el tren se deslizara por el puente sin control.

Descarrila tren en Puente Lestanguet, Canfranc.

Accidente en el puente de L’Estanguet. Foto cortesía: Heraldo.es

Pero otro muchos, de aquí y de allá, cuentan que este accidente no fue casual y que se trató de un ardid elaborado por la SNFC (la compañía ferroviaria francesa) para cerrar la vía, puesto que para la compañía francesa resultaba en pérdidas cada vez mayores. En principio, de forma provisional hasta que se arreglase el puente de L’Estanguet, se dispusieron autobuses para cubrir el trayecto de pasajeros Canfranc-Pau. El puente nunca se arregló y los autobuses siguen circulando a la vera de la Estación Internacional de Canfranc. Quizá el edificio de la estación perdió a sus pasajeros franceses para siempre pero, al menos, la parte de las vías de España continuó y continúa funcionando, transportando mercancías y también pasajeros con la línea de RENFE: Canfranc-Jaca-Huesca-Zaragoza.

La estación en el siglo XXI

El edificio de la Estación Internacional de Canfranc quedó abandonado a su suerte, siendo desmantelada, robada, en ruinas, hueca y completamente vacía. Incluyendo algunos de los vagones de trenes en diferentes partes de las vías que, al parecer llegaron para ser restaurados como parte de un Museo que nunca llegó a ser. Estación CanfrancEn el año 2005 se produjo un acuerdo entre la Comisión de Patrimonio Cultural y la Diputación General de Aragón para destinar una partida presupuestaria de 2 millones de euros que ayudara a la rehabilitación del magnífico edificio, convirtiéndolo en un hotel de lujo y en un museo ferroviario. Entre 2006 y 2009 se desescombró la estación, se llevaron a cabo tareas de limpieza y restauración de la techumbre (muy deteriorada y en parte hundida) y refuerzo de la estructura de hormigón.

Y entonces la crisis económica azotó a España y cuando en 2009 se esperaba una nueva fase de la partida económica para continuar con el proyecto, ésta jamás llegó. Cualquier plan para devolver a la vida a la Estación Internacional de Canfranc quedó abandonado, al igual que ella. Una vez más.

Pero en 2012 resurge de nuevo la esperanza. La Diputación de Aragón comienza a negociar con el Ministerio de Fomento la compra del edificio de la Estación Internacional de Canfranc y parte del trazado de las antiguas vías francesas. Finalmente en 2013 el Gobierno de Aragón adquiere la estación por el simbólico precio de 310.000 €. Rápidamente se rehabilitó el vestíbulo principal dejando la mitad “como nuevo” y la otra mitad tal y como los años de abandono la han ido deteriorando.

Y, desde 2014, se realizan visitas guiadas, como la que harás tú. Estación Internacional de Canfranc - Huesca, Aragón. España. SpainExisten diversos proyectos sobre el futuro del edificio de la Estación Internacional de Canfranc. Dicen que quieren convertir parte de ella en un hotel, otra parte en piscina climatizada y polideportivo y otra en museo del ferrocarril. Pero ha habido tantos proyectos que es difícil ilusionarse con cualquiera de ellos. Sea cual sea el futuro de esta majestuosa monstruosidad arquitectónica, y sabiendo de su fatídico pasado, sólo me queda desear que, al menos, no vuelva a quedar abandonada a su suerte. Estación Internacional de Canfranc - Huesca, Aragón. España. Spain


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Sobre Eva

Viajera insaciable, lectora incansable, eterna aprendiz de idiomas y meticulosa observadora de culturas, lingüista, traductora y curiosa como yo sola. Mi lema: Viajar para vivir y sentirse vivo.
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4 Comments

  1. La estación es impresionantemente bonita, aunque el trayecto en tren no es lo mejor que hay; solo por ver la estación ya merece la pena. Mi recomendación personal es visitarla en invierno y ha ser posible nevada mucho más espectacular de lo que puede imaginar. Gran aporte y gracias por acercarnos esta maravilla.

    • Amigo, tu opinión es muy respetable, faltaría más. Pero eso de que “el trayecto en tren no es lo mejor que hay”…NO puedo estar más en desacuerdo, pues es un espectáculo sin precedentes en la historia del ferrocarril español. El tren sale de Zaragoza, recorre al amanecer los regadíos del bajo Gállego, desde donde se puede observar unas extensiones de cereal sin límites con los primeros rayos de luz. Después el tren, con su traqueteo particular, recorre parte de la hoya de Huesca. Ayerbe, la sierra de Loarre con su castillo, es paisaje clave de la historia aragonesa. Llegamos a Riglos, y el viaje se pone en tensión. Un serpenteo de puentes y túneles con los mallos como telón de fondo, es escena obligada para los “fotógrafos cazatrenes”. Las aguas de color turquesa del Gállego, se encargarán de que esas inmortalizaciones del momento, sean perfectas. Seguimos el cauce del Gállego, pasamos por el puente de hierro de Santa María y la Peña, y nos adentramos en unos pinares de leyenda, de misterio incluso si las nieblas hacen su aparición invernal. El incesante traqueteo, el cauce del Gállego y la Foz de Escalet a nuestra espalda, hacen que el viaje gane intensidad, hasta llegar a Sabiñánigo, población industrial de los Pirineos, que antes de llegar el ferrocarril, apenas llegaba el millar de habitantes. El jefe de estación pita la salida del tren y éste continúa llaneando entre los colosales Pirineos occidentales y las estribaciones del Monte Oroel. Llegamos a Jaca, ciudad clave en la historia de Aragón. La última zona “llana” antes de enfrentarse el tren a la ardua tarea de ganar altura por el valle del río Aragón. Rampas de más de 30 “milésimas” (según el argot de los profesionales del sector ferroviario) entre viadúctos como el de Castiello, túneles “de caracol” y un sinfín de pequeños puentes para cruzar los innumerables barrancos que descienden de la imponente mole de Collarada, esa montaña vestida de blanco gran parte del año, cargada de leyendas, bosques misteriosos y un sin fin de bucólicos rincones que la hacen tan especial. El tren poco a poco coge altura, el valle queda a nuestra izquierda y las montañas se vuelven cada vez más vertiginosas. La tensión, es máxima. Un último túnel, un poco más largo que los anteriores y en mi mente, no sé por qué suena la banda sonora de Doctor Zhivago. El final no puede ser mejor: salimos de las entrañas de la tierra y ahí está, es la majestuosa estación de Canfranc. Una obra de ingeniería sin precedentes en la historia del ferrocarril, con un paisaje de fondo, donde la nieve es la dama de honor en esta fiesta pirenaica. Como un “titanic” sobre tierra, que no por ello ha dejado de estar “hundido” a la vista de sus visitantes.

      Jesús M.R.

  2. Enhorabuena por el post. Un saludo!

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